EN LA VIEJA BANCA DE UNA ESTACIÓN DE TREN

106234968_large_1297079945_14

Sigo sentada en esta banca solitaria de la estación de tren donde alguna vez te vi partir, estoy aquí con mi equipaje sobre la banca guardándote un espacio junto a mí. Tengo en mi bolsillo dos tiquetes de tren y en mis ojos la esperanza de verte llegar por la puerta dorada de aquella fría estación, siento que llevo aquí sentada horas, días, meses, incluso años. Tantos trenes han parado y emprendido la marcha, tantas personas que han ido y venido, tantas cosas que tan solo dejé pasar, que vi de lejos mientras te esperaba, tantos viajes a lugares desconocidos que perdí, y tantas conversaciones con compañeros de vagón que nunca sucedieron y que no sucederán mientras siga aquí en esta banca maltrecha esperando por ti. Me has escrito decenas de mensajes diciéndome que ya  vienes en camino; que te detuviste a conversar con una extraña; que mejor ya no vienes; que cambiaste de opinión y que mejor si te espere; que llegarás pero no sabes cuándo; que es mejor que me vaya sola; que no me mueva porque aun esperas llegar; que me vaya sola y luego me alcanzas; que no deje este asiento y yo solo me quedo aquí quieta porque vivo con el temor de que llegues y yo no esté.

¿Hace frío, sabes? Solo me cubre este abrigo viejo y el par de guantes que me regalaste, pero no es suficiente. Tengo la esperanza de sentir tu calor cuando te sientes a mi lado pero si no vienes y me quedo aquí voy a morir de hipotermia. Todo desde aquí es ajeno, estático, tan rápido y tan lento a la vez y yo solo soy una espectadora. Siento que el tiempo ha frenado y que mi vida esta pausada mientras siga aquí esperándote.

Cuando me convenzo de que no vendrás y me animo a tomar el tren aparecen señales que me hablan de ti, me escribes una vez más para asegurarme que está bien si tomo el tren sin ti, pero que te alegra que aun siga sentada aquí a tu espera y entonces la esperanza vuelve y yo te espero una hora más.

Cierro los ojos por un momento, de repente todo se torna oscuro y solitario. Hay un tren parado justo en frente mío, no hay nadie corriendo para alcanzarlo ni nadie saliendo de él; la niebla espesa no me deja ver quien hay adentro y de repente detrás de mí en el interior de la estación escucho la puerta dorada abrirse, eres tú. Bajo la maleta de la banca y me paro para recibirte, ha pasado tanto tiempo que no sé qué hacer, solo me paralizo al lado del asiento mientras te veo entrar, caminas con paso firme y sin apartar la mirada del vagón del tren, siento que algo no anda bien. De repente pasas por mi lado sin saludarme, sin si quiera mirarme, creo que ni siquiera notaste mi presencia allí. Tú no vienes por mí, vienes por la persona que está dentro del vagón del tren, ese no es mi tren. Veo como sigues de largo mientras las puertas del vagón se abren y una sombra al interior te recibe, no veo con claridad. Las puertas se cierran y veo el tren marcharse contigo adentro, te veo partir sin mí. Me siento de nuevo, miro la maleta y con el alma hecha pedazos decido que se quede en el piso para dejar un espacio en la banca, junto a mi, para que alguien más se siente a esperar el siguiente tren y que quizás quiera compartir el asiento dentro del tren conmigo.

Me despierta de manera súbita el sonido que avisa que el próximo tren viene llegando, la estación de repente está llena de vida de nuevo y la luz del sol reemplaza la neblina, todo fue un sueño, pero cuando miro al lado me doy cuenta de que en efecto, mi maleta está en el piso y en su lugar hay alguien más, alguien que no eres tú. Llega el tren, miro los tiquetes que tengo en el bolsillo y me doy cuenta de que es el mío, pero ya no el nuestro. El sujeto que está al lado me sonríe, creo que también es su tren. Me paro, miro tu tiquete una vez más y lo suelto al viento, ya no lo necesitas y yo tampoco. Me subo al vagón del tren, tomo asiento y en el espacio que creí que era para ti toma asiento el mismo sujeto que me sonrió afuera. Creo que después de todo, sin saberlo, siempre le guarde un lugar a él y no a ti.

Anuncios

Para ti

chica-y-atardecer-morado-2910

Es la segunda carta que te escribo, solo que para esta vez soy más consciente de que eres real, que estas en algún lugar del mundo y que nuestro encuentro es inevitable.

Tal vez las demás personas no lo entienden o me llamen ilusa, pero yo creo en esto, creo en dos almas que vienen buscándose desde vidas pasadas, unidas por un vínculo que trasciende el tiempo y el espacio, yo creo en lo mágico del universo, el destino y la vida.

No te buscaré, con paciencia comprendí que el universo trazará los caminos y moverá los hilos para llevarnos a ese punto donde todo comenzará, en el cual nuestros caminos se vuelven uno solo. No te mentiré, sueño con eso, porque desde ya te extraño, desde ya te anhelo.

No, no se trata del capricho de una mujer por tener un novio o una compañía, mucho menos se trata del afán por vivir un cliché. A mi corazón no lo mueve la idea de tener una pareja, o de enamorarme de alguien, a él lo mueves tú, mis ganas de entrelazar mi mano con la tuya y ver como encajan perfectamente y caminar a tu lado con la certeza de que no hay nadie más en el mundo para mí que tú. Sé que no sucederá aun y está bien, esperare el tiempo que sea necesario porque sé que vale la pena más que nada en el mundo. Mientras tanto iré aprendiendo de las lecciones que la vida me pondrá antes de tu llegada, esas que me moldearan para encajar contigo. Talvez me enamoraré de alguien más, aprenderé esas cosas del amor que harán a mi corazón el lugar perfecto para tu estancia en él, y al final como ha pasado hasta ahora, soltaré, dejaré ir y seguiré dando pasos que sin saberlo acortarán la distancia entre tú y yo.

Me motivas a crecer en todos los planos, me haces querer ser mejor persona, aquella que merezca el amor que tienes para dar. Quiero que me mires con la certeza de que estás en tu hogar, que perteneces a mi abrazo y que es allí donde quieres permanecer.

Confió en la nobleza de tu corazón, en tu sencillez, tu generosidad y consideración con los demás, en la madurez con la que observas el mundo y ese sentido del humor con el que llenas de alegría tu entorno, porque sé que ya nos conocemos, que hemos coincidido desde siempre y que también soy todo lo que anhelas.

Que Dios bendiga nuestros pasos y todo aquello que propicie nuestro encuentro.

Espejo

reflejo.jpg

Y el caos comienza un día en el que te miras al espejo y de repente te das cuenta que no eres quien esperabas ser, que no vas ni por la mitad del camino para serlo, que de tanto repetirte ese discurso de que los sueños se hacen realidad y todo ese cuento de unicornios y arcoíris, no te fijaste en los pasos que dabas y te perdiste en el camino. Y ahora nada tiene sentido, todo se nubla y el panorama se ve áspero y lejano.

Miras hacia tras y te enteras de que todos los pasos fueron fallidos, que la estrategia no fue la adecuada y que en algún momento perdiste el enfoque. Te miras en el espejo y no te reconoces, eres alguien nuevo, alguien que no te agrada, una persona opacada y cabizbaja, ya vez esos años de mas que anuncian el fin de la juventud, y el sentimiento de que todo ha sido desperdiciado vuelve a acechar, seguro queda mucho por hacer, pero no sabes de donde sacar las fuerzas. Como volver a creer en esa persona que ves en el espejo si ya bastante te defraudo, como confiar en que esta vez si será diferente y que no va a seguir metiendo la pata. Es incluso más difícil creer en ella de nuevo que volver a empezar. Las horas pasan y el reflejo sigue hablándote de lo mismo, cada vez lo soportas menos, te agrada menos, quisieras no volver a cruzarte con él. Porque la verdad duele, porque no estás cansado de la vida, sino de ti mismo y ante eso no hay mucho que hacer. Apartas la mirada del espejo y te marchas con esa persona a cuestas, esperando tener la valentía y la fuerza para soltarla y abandonarla en alguna parte del camino.

Helen

cafc3a9-y-manos-1.jpg

Una taza de café, la mesa de siempre en la esquina de aquella cafetería en alguna calle de aquella ciudad, el libro que nunca termina de leer y las gotas de lluvia amenizando la tarde ya de por si gris. Mientras la mayoría parece querer huir a algún rincón donde brille el sol, ella esta cómoda allí, de hecho, nada podría estar mejor. Su semana está justo en el medio del caos y la perfección, en su punto predilecto, sin mucho porque preocuparse y sin mucho que le quite el aliento. Helen es una mujer que odia los extremos y las emociones estridentes, ella es como esos días frescos, con un poco de sol, con un poco de viento, de aquellos que a todos nos hace bien.
No es de muchos amigos, siempre se le ve sola en aquella mesa, perdida en sus lecturas y en cada sorbo de su amargo café, pasa desapercibida entre aquellos que entran y salen, entre los que se ríen, conversan, se besan; es como un punto ciego del que nadie se percata y por eso es su lugar predilecto. Sé que se incomoda cada vez que la miro, a diferencia de todas las chicas que hay en el lugar ella odia la atención. La hace sentir encerrada y acosada, por lo que ante cualquier gota de esta, se para y huye. Yo no quiero que huya, no quiero que se pierda en la multitud de nuevo. Escondo mi vista en el libro que tengo en mis manos y que al parecer no leeré, la acompaño en cada sorbo de café y justo cuando cierra los ojos para beberlo yo la miro de la manera más fugaz posible ¡cielos! Helen me deleita más que el sabor de este café. Y es que hay algo en ella que me atrapa, un misterio dentro de su ser simple y descuidado. La miro y siento que hay otro mundo justo en su interior y yo muero por orbitarlo, pero es Helen, la chica rara a la que todos ignoran, esa que pone a su alrededor una capa de hostilidad e invisibilidad para que nadie sepa que existe, por eso me encanta. ¿Qué tendrá para esconder en su interior? Solo una persona que guarda los más profundos secretos del universo puede refugiarse en si misma de una manera tan intensa en inexplicable. Siento que acceder a ella es abrir una puerta que te lleva a descubrir lo que este esconde, siento que mirarla y deleitarme con la manera en que frunce los labios cuando bebe café es una cosa de dioses, la llave de acceso al olimpo.
Soy dos personas totalmente diferentes, soy una afuera de este lugar y otra cuando estoy dentro mirándola desde esta silla. La piel se me eriza y las mariposas en el estómago empiezan a descender a lugares prohibidos. ¡Dios Helen, Me gustas tanto! Aun así mi coraje se limita en mirarla desde lejos y desearla desde siempre, en las noches frías cuando la soledad es apremiante y puedo pensar en ella, solo en ella. Nadie lo sabe, ni siquiera podrían imaginarlo, es mi secreto y sé que en el fondo ella lo sabe… es nuestro secreto.
Toma el ultimo sorbo de café y descruza sus piernas, esas son sus señales para marcharse y yo me apuro a hacer lo mismo, no por seguirla sino porque ella es la única razón por la cual estoy allí los jueves y sin ella el café ya no sabe más. Caminamos a la caja paralelamente y justo cuando acortamos distancia un grupo de jóvenes que acaba de entrar pasa por el medio y la pierdo de nuevo, en la procesión mi celular suena, me distraigo por un momento buscándolo, sigo dando pasos inertes, de repente siento un roce en mi piel que me remueve cada vello de mi piel y hace que las mariposas que ahora están en medio de mis piernas revoloteen sin piedad. El corazón no para de latir cada vez más fuerte y siento una llama recorrer cada rincón de mi cuerpo. Es Helen que como quien no quiere la cosa, con esa frialdad propia de ella, pasa su mano por debajo de mi falda, me roza sutilmente por tan solo un segundo. No sé si fue accidental o si después de tantos jueves de acompañarla desde lejos se enteró que mi deseo le pertenece a ella y solo a ella. La miro y no encuentro su mirada, ella sigue su camino a la caja como si nada, mi mundo se detuvo y el de ella parece girar como siempre. Mi teléfono suena por segunda vez y me trae de vuelta al suelo, es Thomas mi prometido, de repente vuelvo a sentir el frió del anillo en mi mano, le contestó y mientras él habla yo la miro a ella atravesar la puerta de cristal y justo cuando se cierra, en ese momento en el que creo que la perdí una vez más, ella me mira, yo olvido al hombre detrás del teléfono, ella me sonríe y se marcha. Fue entonces que su deseo también me pertenecía

EL VIEJO ALMENDRO

almendro (1)

Creo que esa es la casa, sí deber ser esa. Todavía recuerdo ese viejo almendro de enfrente donde jugaba con Manuel… Manuel, ¿Qué será de él? Tal vez sí fue a la escuela de medicina como dijo, o quizás se haría abogado como papá. Hace años que no sé nada de él ni de esta casa. La recuerdo más grande y más bonita, pero ha pasado mucho tiempo y el tiempo suele hacer estragos en todo, en especial en personas como yo. Yo también estoy diferente y no mejor, solo diferente.
Me cuesta treparme al viejo almendro de nuevo, pero lo consigo. Hace años lo hacía en tres zancadas, pero ya lo dije, he cambiado. Me concentro en la casa, las luces están encendidas pero aún no veo a nadie. La luz de mi cuarto está apagada, me pregunto si aun estarán mis cosas allí como las deje antes de partir, tal vez no. Quizás sea ahora el estudio de papá o el cuarto de coser de mamá, o tal vez no. Igual ya no importa, seguramente ya borraron de su mente mi imagen y está bien, era lo mínimo que debían hacer.
 Pobre Manuel, cuantas veces se cayó de este árbol por seguirme el paso, era tan flacucho y débil, de no ser por mi hubieran acabado con él en el colegio ¿Qué será de Manuel?
Me duele un poco el estomago pero es normal, ya pasará. Veo siluetas detrás de la cortina, creo que están en el comedor. Es viernes en la noche y los viernes en la noche mamá acostumbraba preparar pollo frito con puré de papa porque sabía lo mucho que me gustaba. Tal vez ha cambiado el menú desde que partí para así no recordarme y está bien.
No me despedí, me fui, no como quien espera regresar, sino como quien espera ser recibido de nuevo. Pero sé que eso no pasará, no quiero que así sea. Ya bastante les he mortificado la vida como para volver, además no podría hacerle eso a Manuel, todo menos volver.
Las siluetas siguen allí sentadas alrededor del comedor. Seguramente ya terminaron de comer y papá está contando una de sus anécdotas de cuando prestaba servicio en la marina, mitad verdad, mitad fantasía que siempre solía contar, o tal vez no. Tal vez ya las ha contado todas y sea Manuel quien ahora cuente sus anécdotas ¿Qué será de Manuel?
El dolor en el estomago aumenta, pero ya pasará. Pienso en este viejo almendro, el aún me recuerda. Sé muy bien que no ha logrado olvidar aquella tarde en que se escuchó el disparo en el garaje mientras yo tiraba piedras desde sus ramas a los carros estacionados. Fue la última vez que estuve aquí, Lo extrañaba. Allá donde estuve todos estos años no había almendros.
Relajo mi cuerpo en las ramas y trato de disfrutar este momento. Es la última vez que estaré aquí, en el viejo almendro, frente a esta casa. Sé que todo ha valido la pena, quizás vine al mundo exclusivamente para esto y está bien. No me arrepiento de nada, no me arrepiento de pasar la mitad de mi vida en esa celda fría y solitaria, ni del olvido de mi padres, ni de las tardes que me perdí lejos del viejo almendro, se que todo ha valido de la pena. Espero que Manuel haya encontrado una buena mujer y que le haya dado a papá y mamá los nietos que no les di yo, ojala  sea un hombre importante y de mundo, me lo debe…  ¿Qué será de Manuel?
En cuanto escuche el disparo que venía del garaje aquella tarde supe de inmediato que era él, baje de un salto y corrí tan rápido como pude. Aun agradezco que mamá y papá no estuvieran en casa. Entre al garaje y sentí un dolor en el centro del estomago muy parecido al que me invade ahora.  Allí estaba Manuel tan flacucho e indefenso parado en la esquina con sus ojos bien abiertos sin comprender bien lo que había hecho, tenía la vieja pistola de papá en sus manos temblorosas. Ya no éramos niños, yo tenía 19 y el 17. Tendría que pagar por lo que hizo. Sabía que algún día no aguantaría más los abusos de los otros chicos, por eso trataba de defenderlo, pero esta vez llegue tarde, fue mi culpa. Con la precisión de un cazador, apunto al pecho y disparó dando en el blanco. Era Daniel, el hijo de nuestro vecino quien siempre aprovechaba mi ausencia para molestarlo, pegarle y hacer con él lo que le entrara en gana.  Pero llegué tarde,  no lo pude defender y por eso lo hizo, fue mi culpa, yo era su hermana mayor y debía cuidarlo, era yo quien debía pagar. Pasé 30 años en la cárcel por el homicidio de Daniel y no me arrepiento de nada, se que ha valido la pena.
Ya han apagado todas las luces de la casa, se han ido a dormir, espero que me sueñen en esos sueños que no se recuerdan al despertar, o no, mejor que no me sueñen. El dolor de estomago no para, pero sé que ya pasará. Ya cumplí mi misión en la vida, no tengo nada más que hacer en este viejo almendro.
Hasta pronto Manuel.

 

CARTA A UN AUSENTE

8-identify-reason-of-loneliness

No sé cuántas cartas te he escrito hasta el momento, son las mismas que reposan en el baúl de mi armario y es que a pesar de ser tú el remitente, es allí donde pertenecen. Después de tanto tiempo el ritmo de mis días retoma su curso, ya vuelvo a distinguir los días de las noches y una hora vuelve a ser de 60 minutos y no una eternidad.

Sabía que no me iba a morir a causa de tu ausencia, ahora me parece lógico, pero al segundo en que te vi partir todo parecía posible. Ese agujero negro que se abrió paso en mi pecho, esa sensación de estar cayendo al vacío irremediablemente,  de andar inerte, de andar sin alma y con el corazón en la mano desmoronándose poco a poco, era lo más parecido a la muerte. Pero yo seguía vivía, como quien despierta en medio de una cirugía a corazón abierto y siente cada punzada, cada corte, el dolor insoportable y la falta de aire; sin fuerza suficiente para levantarse, para llorar, para gritar o pedir ayuda; no es la muerte, pero ¿acaso a ese lapso intermedio se le puede llamar vida?

Ya dejé de buscar por doquier la respuesta a tu partida, ya dejé de culparme a mí y de culparte a ti, ya no pienso en tu regreso como algo posible, la razón y la cordura están de nuevo en su sitio. Escribirte y hablarte; gritarte e insultarte, aun cuando no puedes leerme ni escucharme han sido mi terapia, mi liberación. Vives en cada recuerdo, en cada rincón donde solíamos reír, en cada calle que caminamos juntos, en el café donde me sonreíste por primera vez; aun mi cama conserva tu forma y el armario tu olor; te escucho constantemente en el eco de mi habitación y tu risa estridente retumba por toda la casa, pero ya no me duele, ya no peleo contra ello, sé que es allí donde vivirás para mí por siempre y no está en mis manos sacarte. Cuando amas a una persona y le dejas entrar, le estas regalando una parte de ti, una parte que jamás volverá a ser tuya, que está fuera de tu alcance y es allí donde habitará mientras le sigas amando.

He vuelto a sonreír, tengo nuevos motivos para levantarme cada mañana, volví a soñar y la esperanza ha vuelto a nacer en mí, me siento viva aunque no completa. Sé que te haría feliz saberlo.

Cuando te pienso, me gusta imaginar que eres feliz, que estas en ese lugar en el que tanto deseabas estar, tomando una copa de vino mientras lees tu libro favorito; o caminando con tu amplia sonrisa por una calle en parís bajo un cielo naranja y violeta al atardecer; me gusta pensarte tranquilo, pleno y amado, tal vez más amado que cuando estabas conmigo, aunque sin querer ser engreída, no sé si algo así sea posible.

Para mi estás en cualquier lugar posible e inimaginable, donde sea, menos aquí bajo esta tumba fría y desolada. Aquí solo yacen huesos y carne, aquí solo yace tu embestidura. La persona que yo solía amar, que aún sigo amando con cada partícula, está fuera de este lugar. Esta bailando torpemente una pieza de vals en un gran salón, está riendo a carcajadas en un teatro de cine, está sentada en lo alto de la ciudad contemplando una puesta de sol, está caminando descalza en la playa más afrodisíaca, está llenando de luz cada calle por la que transita, está allí, en aquel viejo sillón esperando mi llegada para tomarme de la mano y seguir amándome por toda la eternidad.

DEJEN DE SEGUIR A MARGARITA

screenshot_2016-11-26-17-52-16

Del montón de celebridades que sigo en Instagram, Margarita Rosa de Francisco es una de mis favoritas, lo es por esa sensatez, ironía y simplicidad con la que despliega su manera de ver el mundo.

Muchas fotos y vídeos de sus rutinas de ejercicios, de su vida cotidiana y centenares de su gata (que en realidad es la gata de la hija de su esposo) “Chakra” o como ella la llama: “la rotativa”, quien diría yo, es uno de sus grandes amores. Es divertido verla y leerla por su forma peculiar de ser, y es que en un mundo donde todos siguen los mismos patrones para encajar en la sociedad encontrar a alguien con el descaro de pensar diferente es sencillamente refrescante.

En una de sus publicaciones del día de hoy, después de la bomba de la muerte de Fidel Castro uno de los más grandes dictadores socialistas de la historia, esta mujer aprovecho para publicar en instagram una vieja foto que guardaba en el baúl en la cual posaba en la mitad de dos figuras: a la izquierda Gabriel García Márquez y la derecha él ya mencionado y polémico Fidel castro y el Expresidente Pastrana y en cuyo pie de foto escribió “Al lado de dos grandes figuras de la Historia que ya partieron”. En mi opinión no mintió, si Gabriel García Márquez es una Gran figura de la Historia por sus obras, Fidel lo será por sus malas acciones y por ser protagonista en varios hechos históricos (nos guste o no) así como lo es Hitler.

Me llamó la atención ver en la cola de los comentarios uno de ella que mencionaba a otra persona y le decía “que te vaya bien”, así que como me pudo el chisme abrí los más de 200 comentarios que habían debajo del post y comencé a leer.

Lo que encontré lindaba entre el desconcierto y la risa. Una fila de insultos y comentarios de “te voy a dejar de seguir” abundaban; la trataban de comunista, socialista, guerrillera, basura, etc. Fue casi como si hubiese sido el mismo Fidel castro quien publicará la foto. No sé si tengo problemas para interpretar las palabras de otros, pero mientras yo leía “Al lado de dos grandes figuras de la Historia que ya partieron”, los demás parecían leer ¨aquí con el gran, benévolo y amado Fidel Castro, amor de mi vida, cosita rica, vida de mi vida, mi sueño adorado, mi ídolo, VIVA EL SOCIALISMO, LOS ODIO A TODOS” y juro que no exagero, fue hasta tal punto la agresión que alguien (que supongo es “amiguísimo” de Carlos Vives, ex esposo de Margarita) comentó que por esa razón era que Carlitos se había querido divorciar. La verdad es que no puedo evitar reírme al imaginarme a Carlos diciéndole a Margarita “No eres tú, tampoco yo, es tu foto con Fidel”.

El pobre Gabo que ni velas tiene en este entierro también se llevó su baldado de agua fría, lo trataron de apátrida y de egoísta por no compartir su fortuna con el pueblo Colombiano, ni por hacer nada por este. Y es que ahora resulta que es una obligación si te ganas un Nobel o eres famoso preferir vivir en tu país que en cualquier otro y ayudar a sus habitantes a fuerza y no por vocación. No me malentiendan, las personas que tienen esa vocación de ayudar a quienes lo necesitan tendrán siempre mi admiración, pero igual no considero que una persona sea mala y sus talentos carezcan de valor solo por abstenerse a hacerlo. Pero lamentablemente vivimos en el país de la hipocresía, sí, en  el cual muchos de sus habitantes se creen con el criterio moral de juzgar las acciones, pensamientos y formas de ver la vida de los demás sin antes hacer una re introspección para, antes de querer “componer” a la sociedad, componerse a sí mismos, No, aquí todos nos saltamos esa pequeña parte.

Así que mientras muchos “moralistas” y almas purísimas amenazaban a Margarita con dejarla de seguir por haber publicado esa foto (pobrecita, seguro los extrañara un montón), ella tan solo se limitaba a contestarles “que te vaya bien” (bien ahí) y es que la inteligencia no pela con la ignorancia y ella lo sabe.

Así que si ustedes son de esas personas que tergiversan cualquier palabra inofensiva para desplegar su veneno hacia los demás, si son de los que tienen la mente tan cerrada que solo tienen espacio para respetar y validar sus puntos de vista y el de nadie más, si son de esos que creen que con un “unfollow” pueden hacer al otro cambiar de opinión, si son de esos que solo son capaces de expresar lo que sienten a través de un insulto y sobre todo y más importante sin son de esos que no son muy buenos con la interpretación de lectura, les doy un gran consejo: DEJEN DE SEGUIR A MARGARITA, más que ponerse triste seguro se los agradecerá.