Te dejo ir…

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Qué difícil es soltar algo que no es nuestro, que doloroso es dejar ir aquello a lo que nos aferramos con cada partícula de nuestro ser.  Olvidamos que nadie nos pertenece, que nada es para siempre y que lo que hoy llega, mañana se va.

Debo admitir que de todas las veces que he dejado ir a personas de mi vida, esta ha sido la más tormentosa y la que más fuerzas me ha quitado. Fue de esas ocasiones en las que te desdibujas, en la que das tanto de ti para el otro, que te olvidas de ti; te moldeas tanto a la otra persona, a sus expectativas que pierdes tu propia forma y cuando todo acaba te encuentras a ti mismo perdido, deforme y olvidado y ya no recuerdas  como volver a ser tu.

Se nos olvida que antes de esa persona ya éramos,  que supimos vivir sin su presencia y aún así fuimos felices. Se nos olvidan las personas que estuvieron antes y también se marcharon y que el dolor que dejó su partida con el tiempo se disipó y pudimos seguir caminando. Ya sabemos cómo funciona, sabemos que no hay dolor que el tiempo no cure, ni corazón roto que no pueda ser sanado. Sabemos que en algún momento de nuestras vidas cuando la tormenta pase, volveremos a encontrarnos con alguien que nos mueva el mundo, que hagan brillar nuestros ojos de nuevo y que acelere nuestro corazón con una palabra, con una caricia y nos haga ver hacia atrás para entender que esto que ahora nos hunde mañana solo será una experiencia más, un recuerdo que ya no duele.

No importa lo que diga la otra parte, lo que diga el resto del mundo. Hoy estoy tranquila porque se con toda la honestidad y con todo el corazón que di todo cuanto me fue posible; que me arriesgue a amar y lo hice a manos llenas, y no en lo material sino en lo realmente importante. Sé que cuando el orgullo y los resentimientos pasen él también lo sabrá. Por mi parte soy consciente de todo lo que recibí, de lo malo y mucho más aun de lo bueno; sé que el amor no es perfecto y viene con sus grietas y que no por el hecho de que una persona no me ame como espero que lo haga, no significa que no me ame.

Soy honesta conmigo y es justo con la otra persona admitir mis errores, no los justifico. Pero también es justo conmigo misma reconocer que no fui la única que se equivoco, que yo también fui lastimada cuando no lo merecía, que su amor fue puesto en duda cuando el mío era firme. Sé que él olvido esa parte, pero está bien, el ser humano siempre busca culpables para sentirse mejor consigo mismo, cuando lo más sano es dividir la carga y las culpas y entender que así como se necesitan dos para empezar una relación, se necesitan también dos para acabarla.

Sé que me seguirá doliendo, que seguiré extrañando y que seguiré amando, pero no para siempre. El tiempo hará de las suyas y la vida me conducirá por el camino que me lleve a donde debo estar y no lucharé contra eso. Que pase lo que deba pasar.

Por mi parte iré reconstruyéndome de a poco, iré reencontrándome conmigo misma hasta volver a enamorarme de mí, me armaré otra vez hasta ser yo de nuevo, con mis sueños y mis propias expectativas, volverá ese universo que llevo dentro y seré imparable.

Así soy yo

Me he caído tantas veces, que parece que viviera en el suelo. ¿Qué puedo decir? Soy impulsiva, rebelde y terca a más no poder. Sí escucho consejos pero jamás los aplico, sólo los guardo en un cajón de reserva para analizarlos y reflexionar una vez que ya he metido la pata. He sido blanco de múltiples críticas y de constantes “es que creo que te apresuraste mucho”  y el problema (más para los demás que para mí) es que me importa poco.

Tal vez me he tomado muy a pecho esa frase común que rueda por las redes sociales que dice “vive hoy como si fueras a morir mañana”, no es que todos mis días sean una aventura (ya quisiera yo) pero si constantemente todas mis acciones pensamientos y sentimientos son enfocados en hacer lo que me hace feliz, estar donde quiero estar y seguir el camino que siento que debo seguir. No concibo la vida de otra manera. Tal vez este equivocada, tal vez si sea cierto que hay que aterrizar y hacer lo que todos hacen, estudiar algo que de dinero, trabajar para otro como mula, ser el mejor para recibir algo más de dinero y seguir así hasta que se nos vaya vida esperando que llegue el momento en que seamos felices. El problema es que por más que lo intento, más desencajo.

No me gusta lo estático, no me gusta la rutina, mucho menos la monotonía. Siempre mi vida ha estado rodeada de cambios así sean pequeños, cambios de colegio, cambios de casa, de ciudades y hasta de carreras. Me gusta esa sensación en el pecho que produce lo nuevo, que produce el cambio, me gusta conocer nuevas personas y explorar nuevos lugares. Decidí que no nací para quedarme quieta, no tengo por qué. El hecho de que no viva la vida que los demás creen correcta no significa que yo este mal, solo significa que cada quien vive como siente que debe hacerlo y si eso los hace feliz, ¿qué más da?

Odio las ataduras (que es algo muy diferente al compromiso), detecto al instante cuando alguien quiere manipularme para que haga las cosas de cierta manera y lo que generalmente hago es  todo lo contrario, porque así soy yo, jodida.

Me caeré, me levantaré, me equivocaré, lloraré, lo solucionaré, seré feliz, extrañare, me perderé, me encontraré de nuevo, reiré a carcajadas, me enamoraré, me desilusionaré,  encontraré, perderé y volveré a encontrar. No será perfecto, pero será real y yo seré feliz.

La crisis de los Veintitantos

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Aún recuerdo cuando apague mis velitas de mi cumpleaños #20 y pedí en el fondo de mi corazón quedarme en esa edad por siempre. Fue entonces cuando me convencí por completo que los deseos no se hacen realidad… pues ya voy en los 24.

La verdad es que en esta etapa de los 20’s es cuando entendemos por fin, el significado de la palabra “crecer”, porque ni aún en los 18 cuando por fin nos dan la cedula y podemos entrar a un bar sin lio, sentimos tan real el hecho de que estamos creciendo como ahora.

Con los 20’s nos llega una ola, que digo ola, un tsunami de todas Las responsabilidades, decisiones, acciones y demás que definirán nuestra vida para siempre y la verdad mis queridos lectores, es que no tenemos ni idea de qué hacer con ello. Y esto es apenas la cereza del pastel.

La crisis de los veintitantos, si señores!

Un viernes salí con mis amigos de toda la vida a tomar unos tragos y empecé a notar que había mucho “muchachito “de la edad de mi hermana (mi hermana tiene 18)  rondando por allí, bailando y bebiendo, inmediatamente les pregunte a mis amigos por qué había tanto niño y no la gente de siempre, a lo que uno de ellos muy acertadamente respondió “no es que acá haya mucho niño, es que nosotros estamos viejos”  Sí,  de golpe en la realidad. Lo normal es que la gente de 18 a 22 años este rumbeando todo un fin de semana, mientras los de veintitantos estamos en nuestras casas viendo películas o comiendo y tomando algo suave con un par de amigos hasta las 11 pm por el motivo de que estamos cansados, o de que simplemente ya la fiesta no nos sabe a lo mismo.

Nuestros requerimientos a la hora de hacer amistades cambia, ya no nos interesa salir cada ocho días con ese amigo que se quedo en la época de los 18; ni hablar seguido con ese que de lo único que habla es de la vida de los demás porque el tiempo le sobra, o de que se pondrá para la fiesta del viernes, No. Nos empezamos a rodear con amistades que nos reten intelectualmente, personas que nos aporten y que nos inspiren, de esas que no nos llamen aburridos por ocasionalmente querer ir a un café en lugar de un bar.

Y ni hablar de las relaciones de pareja. Ya nos volvemos personas exigentes y no exigentes en el plano físico, sino exigentes en cuanto a lo que nuestra pareja puede llegar a ser.  Empezamos a hacer de lado a esos prospectos que se la pasan de fiesta en fiesta y a marcar con chulito al que estudia , al que trabaja, al que tiene metas y utiliza el cerebro para seducir más que el físico, y ¿por qué? Bueno porque a esta edad ya no buscamos una pareja con la que podamos durar si mucho dos años y a la que podamos lucir al salir de rumba, si no que empezamos a buscar una pareja con quien compartir la vida, con quien hacer planes a mediano y largo plazo; alguien con quien nos podamos sentar a hablar de sueños y metas un viernes por la noche mientras tomamos un café o disfrutamos de una buena cena; simplemente nos empieza a interesar mas encontrar con quien amanecer un domingo, que con quien ir a la cama un viernes.

Si, seguramente si mi “yo” de 18 leyera esto ahora, se sentaría a reírse por un buen rato mientras se jura a ella misma nunca llegar a ser tan “aburrida”. Pero ahí está la clave de crecer, sabes en realidad que eso está pasando, que estas madurando cuando eso que te parecía aburrido empieza a tornarse interesante.

Y bueno, alejándonos de eso, lo realmente caótico aquí es que a nuestros veintitantos no sabemos qué hacer con la vida. Estudiar, graduarse, trabajar, casarse, tener hijos. Estamos a pocos años de llegar a la edad en donde se supone ya deberíamos tener resuelto gran parte de esos planes, que por cierto son mas imposiciones sociales que deseos propios, y es justo en este momento cuando nos replanteamos todo lo que desde chiquitos nos enseñan y nos ponemos en esa posición entre hacer lo que se debe o hacer lo que se quiere.

Si me hubiesen preguntado hace dos años o más, cuáles eran mis planes en cuanto a casarme y tener hijos, hubiera contestado sin titubear y con toda la certeza que me casaría a los 25 y tendría mi primer hijo máximo a los 27 y el segundo un año después… pues bueno, me falta menos de un año para los 25 y no hay planes de boda, ni los habrá.

No me importaría casarme a los 30 y tener un hijo a los 33 o simplemente no tenerlo. Las prioridades cambian y los deseos también y lo mejor de los veintitantos es que tenemos una fuerza y determinación increíble que ni los de 18  o los de 30 tendrán jamás para hacer, crear, modificar y arreglar tanto el mundo como nuestras vidas; tenemos unas ganas enormes de comernos el mundo y toda la actitud y disposición para hacerlo. Estamos en el punto perfecto para ser jóvenes y a la vez adultos y ver la vida desde el mejor punto.

Sí, estoy en la crisis de los veintitantos seguramente como la mayoría de los que están leyendo este articulo; Sí, tenemos miedos, inseguridades y temor a equivocarnos, pero estoy segura de que si en 20 años nos preguntarán cuál fue la mejor etapa de nuestra vida diríamos sin dudarlo…

La de los veintitantos.