La señora del gym

150916173648_gimnasio_toalla_624x351_thinkstock_nocredit.jpgHoy como (casi) todos los días estaba en el gimnasio haciendo mis rutinas de ejercicio, pocas veces me fijo en las personas que están a mi alrededor, generalmente me concentro en lo mío y una vez que termino me voy. Pero hoy me paso algo muy particular que debía compartir con ustedes.

Estaba en una de las clases grupales, cuando vi a una mujer en la primera fila con un atuendo que a primera vista lucía muy jovial, blusa fucsia con escote atrás, leggins grises con pintas fucsias que combinaban bastante bien con la blusa y su cabello lo llevaba recogido en dos trenzas muy bien hechas. Como solo la veía por detrás asumí que era una muchacha tal vez de mi edad, era bajita y gordita pero con mucha energía y disposición para hacer los ejercicios. Todo iba normal hasta que la “muchacha” se dio la vuelta y pude verle la cara, pues bueno, no se trataba de alguien de mi edad si no de una señora de unos 40 años, diría yo. Como hubiera hecho cualquier mujer, empecé a detallarla más minuciosamente y entre más la detallaba más pensaba “Dios, porque no se viste como una señora, parece una culicagada de 20” “ese escote en la espalda no le va para la edad que tiene ni para el cuerpo” así que empecé mentalmente a armarle el outfit adecuado para su edad mientras me repetía lo “ridícula” que se veía. Y mientras yo perdía mi energía negativamente en el tema, ella que no se daba por enterada de lo que por mi mente pasaba, realizaba los ejercicios feliz y con toda la voluntad del mundo seguramente pensando en lo bien que se sentía tanto con el hecho de estar ejercitándose como con su atuendo.

Y fue justo en ese instante cuando la vi tan feliz que caí en cuenta de que la ridícula aquí era yo. El atuendo en cuestión, era en realidad tan bonito que me hubiera gustado tenerlo yo, sus trenzas estaban tan bien hechas, que se me antojo hacérmelas algún día para ir a entrenar y se veía tan sonriente que me hizo entender que a la única que le afecta lo que yo piense u opine, es a mí. Entendí en ese momento que tal vez, la mayoría de las veces, al criticar al otro solo estamos haciendo eco de nuestras propias falencias y deseos frustrados.

Sí, tal vez era un atuendo juvenil en una mujer físicamente no tan joven, pero ella se sentía bien y por ende, se veía bien. Porque mientras muchas mujeres de su edad se resignan a la idea, no tanto de ser gordas, si no de vivir en el sedentarismo inventando mil pretextos, ella decidió pararse de la comodidad de su cama, suspender sus actividades caceras y esforzar un poco más el cuerpo después de un día de trabajo para ir a un gimnasio (lleno de gente tal vez ridícula y superficial como yo que la puede juzgar por algo tan simple como su atuendo) para ejercitar su cuerpo, ser saludable y sentirse mejor con ella misma por encima del “qué dirán”.

Así que cambie el switch y empecé a observarla de una manera positiva, me alegré de que en el mundo hubiesen personas como ella, me pareció excelente que se preocupara por lucir bien y admire esas ganas y esa determinación que la tenían ahí parada en frente mío.

Finalmente me concentre en la rutina, terminé la clase y cuando vi la oportunidad justo antes de irme, le regale una sonrisa y le dije “lindo atuendo”

Quizá la vida sería más llevadera, más agradable, si dejáramos de señalar, criticar y juzgar, si en vez de envidiar y renegar nos alegráramos más por la felicidad ajena. Solo se trata de dejar al otro ser feliz a su manera, mientras nosotros buscamos ser felices a la nuestra.

EL FIN DEL MUNDO

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Debo decir que este tema del fin del mundo hoy en día es más un tabú, una leyenda urbana, que cualquier otra cosa. Somos tan egocéntricos que creemos que el mundo se va acabar cuando la realidad, es que lo único que en estos momentos puede consumirse hasta desaparecer, es la humanidad. El planeta tierra seguirá girando sin nosotros y el universo seguirá su curso, tal cual sucedió cuando el tiempo de los dinosaurios llegó a su fin… mírennos, millones de años después y la tierra sigue girando.

Hablemos mejor del fin de una era. De una extraña y escalofriante era, tal vez no para nosotros pero si para este planeta.

¿Y a que va toda esta carreta? Bueno, yo rara vez sintonizo las noticias o leo un periódico y las pocas veces que lo he hecho durante estas últimas semanas, los titulares me dejan fría y con un sabor a desesperanza. Asesinos en serie; masacre en un bar Lgtb en Orlando; atentado en aeropuerto; hombres disparando en la calle dejando decenas de muertos; atentados al otro lado del mundo; policías asesinando a particulares; particulares asesinando policías; acciones racistas en USA; países acabándose entre sí en nombre de una religión; hombres matando a sus esposas; Mujeres matando a sus esposos; padres violando a sus hijas; hijos matando a sus padres… en fin, ni para qué seguir.

Nos pasamos temiéndole a la “furia de la naturaleza” a las promesas confusas de un libro sagrado escrito hace miles de años, a las predicciones de grupos indígenas, a las predicciones de personas con supuestos dones. Nos pasamos creando en nuestras cabezas un enemigo feroz que pronto acabara con todo y con todos, cuando la realidad es que los únicos realmente responsables del fin de esta era, somos nosotros, sus mismos protagonistas. No puedo imaginarme un ser mas toxico, nocivo y peligroso que el ser humano, por naturaleza eso somos. Somos nosotros los directores y protagonistas de esta nueva película del “fin del mundo”, estamos acabando con todo y con todos, y lo peor es que seguimos como si nada.

Hace algunos días me vi una película (muy buena por cierto) donde una madre le enseñaba a su hijo autista islamista que en el mundo solo existen dos clases de personas, las buenas y las malas… pues bueno, yo le creo. Todos estamos hechos de células, de huesos, de piel y de órganos compuestos por exactamente lo mismo, como humanidad somos idénticos, como personas no. Como personas Dios nos dio la libertad de ser. De ser auténticos, de ser diferentes, de ser únicos y sí, de ser buenos o malos. Y no es que todos hayamos elegidos ser malos, el problema es que son ellos quienes logran impactar más, quienes logran hacer eco. Hoy en día tiene más cabida en los noticieros las acciones de una persona mala que las de una buena. Y nosotros, bueno, Nosotros creemos que no ser malos nos hace buenos y no podríamos estar más equivocados. Estar en el medio, ser neutros, solo nos hace cómplices.

Me parece estar viviendo en medio de una película de terror, donde todo es posible. Donde las personas inocentes salen a calle sin saber a ciencia cierta si van a volver al terminar el día. Vivimos en un mundo lleno de odio, rencor, resentimiento, envidia, avaricia y sed de poder, donde todos están locos y no en el buen sentido. En un mundo donde importa más el color de piel y la raza que un buen corazón; nos adueñamos del mundo sin ser consientes de que somos nosotros quien pertenecemos a él, y no él a nosotros, que estamos aquí de paso y no por mucho tiempo. Es hora de dejar de ser cómplices, de creernos los dueños del mundo y el centro del universo. Físicamente hablando no somos nada, pero espiritual y mentalmente hablando, lo podemos ser todo, tan grandes como el mismo universo.

Me consuela saber que así como hay maldad también hay bondad, que hay pequeñas acciones que de verdad marcan la diferencia y que si bien una acción negativa daña el cuerpo, una acción positiva alivia el alma y el corazón. Tal vez no tengamos la capacidad para arreglar el mundo por nuestra cuenta, tal vez no podamos traer a la vida a aquellos que injustamente partieron, o devolverle a muchos aquello que les fue arrebatado; es imposible aliviar tanto dolor y remendar tanto daño por nosotros mismos, pero sí es posible quitarnos la venda abrir el corazón y brindarle una mano a quien lo necesite, hacer una buena acción al día, respetar al prójimo, al perrito del vecino o al de la calle, a nuestra madre naturaleza, porque para mí esa es la manera más honesta de respetarnos a nosotros mismos.

Respetemos la verdad del otro aunque no sea la nuestra, pongámonos en los zapatos de los demás antes de juzgar y señalar, pensemos antes de hablar, sintamos antes de pensar; hagamos de los sentimientos positivos el motor de nuestros días, sonriamos más; busquemos ser felices en vez de ser importantes, perdonemos, dejemos ir, amemos más, odiemos menos. Seamos los protagonistas de esta historia, no los antagonistas; tal vez el mundo se siga consumiendo a causa de unos pocos pero hagamos de los días que nos quedan un recordatorio de que la bondad y el amor dejan una huella más grande y más profunda que el impacto de una bala, y que hacen más ruido que la detonación de un explosivo.

La naturaleza es sabia, tal vez un día se rinda y decida acabar con esto antes de que lo hagamos nosotros para así volver a comenzar, no lo sabemos. En todo caso pisemos fuerte, dejemos huella, una buena huella y hagamos de este fin del mundo una película con el mejor contenido, de esas que te hacen creer en que la bondad existe aun en medio del desastre.