NAUFRAGA

Por un momento todo parece quedar en silencio y el tiempo detenerse, el corazón empieza a latir mas rápido, la temperatura corporal aumenta y un peso invisible en el pecho te dificulta respirar. De repente el espacio alrededor parece disminuir y la claustrofobia es inminente. Estas ahí, en ese espacio diminuto donde ya no queda aire, en un momento eterno donde el reloj no corre y tienes esa sensación de que nunca vas a salir de allí o que la muerte está afuera de ese espacio infernal esperando que el tiempo retome su curso para llevarte con ella. Pero realmente después de unos segundos todo a tu alrededor toma su curso, solo que esta vez en cámara rápida. Todo esta en movimiento, todos hablan, ahora nada parece detenerse y tu mente no es la excepción. Los pensamientos tóxicos, negativos y compulsivos empiezan a llegar y moverse a toda velocidad uno tras otro, dónde el siguiente es mas oscuro y pesado que el anterior. Todo adentro de ti es tan avasallante y abrumador, tan denso y oscuro que tu cuerpo explota desbordando toda clase de emociones reprimidas en una fuente inagotable de lágrimas, dolor, hiperventilación y descontrol corporal. Para ese momento, tu ya no eres dueño de ti mismo, has perdido el control.

Como todo en la vida, el ataque de pánico cede. A veces, si estas de suerte, en cuestión de minutos, pero sino es el caso, te puede tomar varias horas. Sin embargo, la etapa que sigue después no es necesariamente mejor. La mente y el cuerpo, como es de esperarse después de contraerse, tensionarse y luchar, quedan totalmente en desbalance, desgarrados, agotados, desgastados, vueltos nada. Nada alrededor es alentador, o al menos a nuestros ojos no lo parece. Mi antigua psicóloga lo describía como llevar unas gafas negras puestas donde veía la realidad totalmente alterada y donde aparentemente era mi decisión si ver a través de esas gafas o quitármelas. Suena fácil ¿verdad?, pues no lo es. Por mas absurdo que parezca, en ti ya no queda ni la más mínima fuerza para, al menos, decidir ver sin los lentes, ahora menos para quitártelos. Estas inmerso en esa realidad gris y por el momento no tendrás ni las fuerzas, ni la claridad, ni las agallas para intentar salir de ahí y lo sabes. Así que ya cansado y abatido te tumbas y te dejas sumergir.

La habitación, especialmente tu cama, se convierten en el único lugar en el dónde te sientes medianamente a salvo del mundo, y el estado de sueño el único lugar del mundo donde puedes estar seguro de ti mismo, porque en ese momento tu mismo eres tu propio enemigo. Pasan las horas, los días, incluso las semanas y sigues dentro de esa nube oscura. No comes nada o comes mucho; duermes todo el día, pero no en la noche; te olvidas de ti, porque no mereces ni tu propia atención. Bañarte se convierte en un reto desafiante, reto que no asumes con frecuencia. Peinarte, maquillarte, cambiar la ropa ancha y los busos con capota por vestidos y ropa decente no son en absoluto una opción viable. Simplemente estás ahí, respirando por inercia y soltando lagrimas sin siquiera darte cuenta.

Ahora hablemos de los vicios. Se que soy mas fuerte de lo que imagino porque no consumo drogas, ni alcohol. Y lo digo porque esas dos sustancias son las que más añoro cuando estoy en ese lugar oscuro. Un escape a la realidad. Es todo lo que siento en ese momento que necesito, algo que lleve a mi mente a un lugar fuera y lejos, muy lejos de mi cuerpo. Un lugar donde nada más exista mi conciencia alterada, donde nada es como es y donde yo no sea este remedo. Entre más oscuro sea todo, más las deseo, las deseo mucho, pienso en ellas, las imagino en mi cuerpo e imagino esa sensación de aparente libertad que me darían. Sin embargo, hay algo mas fuerte que mi caos interior que me da algo de cordura y así como imagino los beneficios momentáneos, me hace imaginar también el agujero negro e infernal en el que caería después de que los efectos cesen, y me hace ver a la fuerza que va a ser mucho peor de lo que es ahora y la verdad es que aunque me siento fuerte al no caer, no me sentiría tan fuerte como para salir si cayera. Aun así, la realidad momentánea en la que me encuentro es difícil de sentir y de procesar, sigo necesitando un escape, tal vez uno que no me destruya. Enciendo el televisor, elijo una serie que me absorba demasiado y donde no tenga que vincular mis emociones y me dejo ir. Las horas del día las alterno entre horas de sueño y capítulos, inmediatamente termino una empiezo la otra sin dejar espacio a que mi mente me traiga de vuelta a mi conciencia. Entre tanto me alejo de todos, no quiero hablar, no quiero salir, no quiero ver la luz del sol, no quiero nada. Los mensajes de whatsapp y las notificaciones en mi celular se acumulan. No quiero que nadie me recuerde que la vida en realidad sigue, que todos afuera siguieron y que yo esto aquí desperdiciando el tiempo y la vida misma, aun cuando no estoy muy segura de quererla vivir. En pocas palabras hago de mi habitación una isla sin acceso y me quedo naufragando allí hasta que, en algún momento, en algún punto, la luz del sol se cuela por un pedazo de la ventana y empieza a iluminar tenuemente mi pequeña isla, mi mente y un poco de mi vida. Así poco a poco voy dejando que la luz se vaya apoderando de cada espacio. Empiezo por levantarme de la cama y abrir la cortina, la ventana y respirar aire fresco por primera vez en días o semanas, recordando que sigo viva y que lo estoy porque hasta ahora así lo he decidió, sea por miedo, sea por valentía o simplemente porque me aferro a la vida, pero ha sido mi decisión, porque entre miles de pensamiento suicidas obsesivos y de miles de posibilidades de ejecutarlos yo decidí permanecer de este lado y respirar un poco más. Ya después de eso, todo se hace un poco mas fácil, tomo un baño, arreglo mi cabello, me pongo ropa de calle, arreglo mi cuarto, empiezo a alimentarme un poco más y les escribo a los míos, a esas personas que se que de un modo u otro padecieron y padecen conmigo. Retomo de nuevo el ritmo natural de la vida, de a poco, sabiendo que la única manera de mantenerme en esta realidad es enfocarme solo en cada paso que debo dar y no en el recorrido o la distancia que debo transitar. Solo el paso a paso, es todo en lo que me puedo enfocar sin importar si voy más lento que los demás, lo importante es avanzar a mi propia manera, porque siempre será mejor eso que seguir naufraga en esa isla por siempre.

Todo lo anterior es un circulo vicioso, donde suelo pasar de lo uno a lo otro en cuestión de segundos y sin previo aviso. Es difícil anticipar cuando sucederá cada crisis, pero con la terapía y los medicamentos he aprendido a identificar algunas señales y aunque aun no aprendo a no terminar en mi isla oscura, he aprendido a navegar hacia ella en un mar de emociones mas calmado, sin tanta culpa, ni castigo, permitiéndome estar en ella y permitiéndome sentir lo que siento mientras todo en mi mente va encontrando algo de calma y los pensamientos oscuros y grises el camino de salida. Si bien aun no se como quitarme esos lentes de los que hablaba mi psicóloga, ya al menos soy consiente cuando los llevo puestos y aunque sigo decidiendo dejármelos por un rato, se bien que todo lo que veo en ese momento no es mi verdadera realidad y que en cuanto me los quite todo volverá a tener color.

Se que para los que me rodean (familia, amigos y en un futuro mi pareja) convivir con todo esto que me pasa no ha sido fácil, tratar de entender un poco, no ha sido fácil e incluso muchas veces ha sido doloroso. valoro inmensamente el esfuerzo por llevarme el ritmo o por simplemente entenderlo. Sin embargo, muchas veces por más que quiera no me es suficiente, para ser honesta a veces quisiera que pudieran habitar mi mente por unos minutos para que puedan entender 100% todo el remolino que llevo dentro y del que solo pueden ver una pequeña parte. Y es que a veces es difícil que en pro del bienestar que desean para mí, lancen juicios, consejos y palabras que solo hacen que mi mente se agote más. No soy perezosa, no soy floja, no abandono todo por gusto. Créanme que si en mis manos estuviera decidir sobre como sentirme, lo último que escogería seria sentirme así. A mí me encantaría ser productiva, hacer mil cosas al día, estudiar mucho, trabajar durante mucho tiempo en el mismo proyecto, pasar tiempo de calidad con amigos, ser alguien funcional y normal y la mayor parte del tiempo (aunque no parezca) lo intento, pero aun mi mente y yo no estamos en paz y todos los días lucho incansablemente contra ella. Todos mis días son eso, una batalla constante que me agota. Cuando me ven bien y feliz, en esas etapas donde les hago pensar que no sufro de ningún trastorno, en realidad estoy preguntándome a cada momento por cuanto más podré disfrutar de esa tranquilidad y normalidad, cuando se detendrá el tiempo de nuevo y el corazón empezará a palpitar mar rápido, dado inicio a otra crisis. Aun así, estoy aprendiendo a disfrutar el momento presente y nada más y a ocuparme solo de él, pero toma su tiempo y aunque se que los que me quieren hacen su mayor esfuerzo por comprender (cosa que agradezco inmensamente) a veces solo necesito silencio, nada de consejos, nada de juicios, nada de lo que ustedes consideran que realmente me pasa, porque la verdad eso solo lo entendemos mi psicólogo y yo y créanme, tampoco quisiera que lo vivieran para que me entiendan. Solo me basta con la compañía y el amor que me dan y no por mi condición sino por el solo hecho de ser el ser humano que soy y que a veces cuando estoy en medio de mi isla azotada por la tormenta, en silencio me recuerden que cuento con su amor, que puedo tomar sus manos si así lo necesito y que cuando salga de allí podre encontrarlos de nuevo para seguir riendo juntos.

Para finalizar, me es preciso aclarar que esto es solo un intento de exteriorizar lo que siento sobre mi experiencia, que ha sido mi experiencia durante casi toda mi vida. No intento justificarme, no tengo porqué. Pero si quiero dejar que el mundo pueda ver a través de mi escritura un poco de mi mundo interior, que lamentablemente es el mismo mundo interior de miles que padecen trastornos, depresión y ansiedad. Quiero decirles a esas personas que no están solos, que hay alguien más allá de la distancia y los muros que los entiende, que sabe exactamente como se sienten. Se que las palabras de aliento generalmente no ayudan mucho, pero si ayuda que sepan que la tormenta NUNCA es para siempre, que en algún momento van a dejar de sentirse en este agujero negro y la luz de sol empezará a iluminar de nuevo. No les prometo que será por siempre, no les prometo que no volverán a naufragar en sus pequeñas islas desiertas, pero si que nada es para siempre y que con terapia, trabajo interior y amor propio si es posible sobrellevar esto hasta el punto de poder vivir la vida y no solo sobrevivirla. Solo NO SE RINDAN.

A Dios, a mi mamá y a mi psicólogo todo mi amor y gratitud. Sin ustedes seria una naufraga por siempre. Por último pero no menos importante, gracias a mi misma, porque por mi valentía, mi esfuerzo y trabajo interior arduo es que puedo seguir navegando en este mar que llamamos vida.

EL LIMBO A LOS VEINTINUEVE

Creo que desde que cumplí mis veinte años temía con el día en que llegaran mis treinta. Pensé que llegar allí sería un momento difícil, sin embargo, nadie me advirtió de ese limbo en el que se vive después de los veinticinco, siendo los veintinueve la parte mas empinada de esa montaña rocosa y por ende, la más difícil de transitar.

Se que a los veinticinco me sentía joven y que a los treinta me sentiré cruzando el umbral de la “señoréz” pero entre lo uno y lo otro, ¿Qué soy? Porque siento que ni lo uno ni lo otro.

Pensándolo bien, no sé si llamar a esto un limbo o una grieta entre dos dimensiones donde estoy presente en ambas a la vez. Empecemos con la ropa, un estilo muy noventero y relajado propio de la generación Z, jeans y camisetas anchos y siempre tenis, entre más cómodo, mejor: dimensión de los 20; Cosas de señora, como encontrar más felicidad y regocijo en mi cama y una cuenta de Netflix un fin viernes por la noche, que en la pista de baile de una discoteca: dimensión de los 30; negarme al sexo casual y las relaciones pasajeras y a su vez tener algo de aversión al compromiso: ambas dimensiones. Como ven estar en el final de la cola de los 20´s es un ir y venir entre ambos mundos sin pertenecer a ninguno. Lo dicho: un total limbo.

Definitivamente ir a fiestas y emborracharme ya no resuena con la poca energía que me queda y trasnochar ahora es el equivalente de sentirme enguayabada todo el día siguiente, aún si no bebí la noche anterior. Quedarme en cama un viernes en la noche viendo series y ordenando pizza mientras me arruncho con mis tres gatos, es algo que definitivamente me seduce ahora, aun cuando a mis veinte me prometí jamás convertirme en ese tipo de “señora”. Sin embargo, (y para deleite de mi yo veinteañera) ver noticieros y leer el periódico son cosas de la adultez a las que tal vez nunca me adaptaré y ver series y dibujos animados de los 90 serán siempre mi actividad predilecta. Y es que así funciona el tiempo en este lugar abstracto donde estamos los de veintinueve, corre de adelante hacia atrás y viceversa cuando se le antoja sin tener nada de consideración. Lo bueno es que mi tiempo en este limbo tiene fecha de caducidad y una vez fuera podre decir que pertenezco al grupo de iniciación señorial donde el pan de cada día son los dolores de espalda y rodilla, donde Homecenter y dollar city son un parque de atracciones para uno y donde los espacios del hogar son llenados con gatos y plantas, pero mientras llega seguiré aquí perdida, sin identidad, disfrutando a lo Hanna Montana de estos dos mundos donde soy joven y adulta, donde soy de todo y nada a la vez.

A quien corresponda

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Intento escribirle de nuevo pero no lo consigo, ya no hallo su la silueta de su esencia en mi mente, se ha desvanecido poco a poco en cada intento vacío, esperarlo se ha vuelto cada vez más agotador; intentar encontrarlo en las nuevas personas que van llegando a mi vida me ha hecho perder el horizonte. Antes escribirle me resultaba tan natural, era casi como si pudiera sentir su presencia a mi lado mientras le escribía. Pero ya no lo logro.

Otro atardecer que observo sola y no me importa, me gusta mi compañía, pero en algún momento espere que el sol nos tiñera de naranja a los dos. Ya me estoy cansando de intentarlo, me siento agotada de dar oportunidades que caen al vacío. De la niña dulce, detallista, impulsiva, amorosa, solo me queda el recuerdo, ya no sé ser ella y cuando lo intento con la persona equivocada todo rebota hacia mí golpeándome con fuerza. Me convertí en un cumulo de miedos, miedo a ser, a sentir, a expresar. ¿En qué momento querer se convirtió en un juego de egos, donde gana puntos el que menos siente, el que menos demuestra? Ha sido difícil adaptarme a un mundo así, muchas veces me he refugiado en la soledad para evitar caer en un juego donde seguramente tengo las de perder.

Pienso en la niña que era hace unos 9 años atrás, esa niña que apenas vivía su primer amor, esa que se le pasaba haciendo cartas, dedicando canciones, que decía “te amo” sin ningún temor y no sé si compadecerle o envidiarle. Hoy por hoy temo decir un “me gustas” y mucho más aun un “te quiero”, me restrinjo tanto y guardo tantas emociones dentro de mí para no salir perdiendo que al final duele, al final todas las palabras que no soy capaz de decir se me quedan en la garganta y me ahogan. De modo tal que pensar en él, en ese amor de la vida que se supone a todos nos corresponde, se ha vuelto doloroso, agotador, desesperanzador. A veces temo que cuando en realidad llegue, este tan llena de temores y rodeada de barreras que lo deje pasar o no le de todo lo que pueda merecer. Sin embrago, no me queda más que esperar, seguir refugiada en mí, en mis proyectos, en mis estudios, en todas esas cosas que te distraen la mente de pensamientos que parecen no ser importantes.

Tal vez, un día cuando menos lo espere esté de suerte y llegue él y me despoje de los miedos y tumbe los muros y entonces amar vuelva a parecer un juego de niños donde todo es transparente, sincero, divertido y sin miedos. Tal vez algún día pueda encontrar de nuevo las palabras para escribirle una carta más o para seguir dedicándole palabras por lo que pudiese ser una eternidad.

Querida novia de mi ex, esta carta es para ti

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Hola, sé que no nos conocemos formalmente, pero seguramente sabes de mi como yo de ti. Sé que sabes cosas de mi vida que alguna vez le confíe a él y que habrán salido en una conversación casual, sé que me has visto en la calle o tal vez por fotos y que quizá, como nos ha pasado a todas en algún momento, te sentiste insegura sobre mí. No sé qué te ha contado él, tal vez todas mis fallas y defectos o lo que le molestaba de mí y no lo culpo, creo que todos adquirimos ese mal habito de contar siempre lo malo de nuestras relaciones pasadas, de hablar únicamente de lo que nos dolió, lo que nos marcó, lo que nos defraudó, tal vez por miedo a evocar la melancolía al contar lo que nos gustó, lo que nos hizo sonreír, lo que nos enamoró… pero esta carta no se trata de eso.

Quiero que sepas que aunque no te conozco, te respeto y te doy el valor que te mereces porque más allá de ser la nueva pareja de mi exnovio, eres mujer y estamos del mismo lado. No te odio, no tengo porqué, desde hace mucho tiempo arranqué de mi cabeza esa idea errónea de que hay que odiar, denigrar o insultar a una mujer que ni siquiera bien conozco solo por el hecho de formar parte de la vida de un hombre a la cual yo ya no pertenezco, eso es una cuestión del ego, un acto envidioso y egoísta y no es así como quiero percibir el mundo.

Para empezar, si él te eligió a ti bajo los mismos criterios con los que alguna vez me eligió a mi entonces sin duda alguna escogió a una gran mujer, estoy segura de lo valiosa que eres y que él (o cualquier hombre) encontrará en ti un tesoro y de corazón espero que tú también lo sepas.

No esperes que hable mal de él o que te prevenga de las cosas que a mí me afectaron. Pretender que la historia de ustedes sea igual a la que hubo entre nosotros es absurdo, todas las experiencias son diferentes así como también lo somos los unos de los otros. Su misión en tu vida es diferente a la que tuvo en la mía, quizás tu explotes en él cualidades que yo ni percibí, han pasado los años y con ellos aprendemos a amar diferente, tal vez el vea en ti una oportunidad de amar con más madurez, o quizás no… eso lo descubrirás en el camino.

Por mi parte, deseo que te quiera, que te valore, que se sienta afortunado de tenerte a su lado y te del lugar que te mereces; de corazón espero que te aliente, te apoye y este a tu lado cuando más lo necesites; deseo que contribuya a tu felicidad, que te haga reír, que se sienta orgulloso de tus logros y te de una voz de aliento en los fracasos, espero que aporte a tu vida cosas positivas y mucho aprendizaje; que siempre te sume y que nunca te reste; que respete tu libertad y jamás quiera modificar tu esencia; que el tiempo que estén destinados a estar en la vida del otro sea constructivo y feliz porque eso es lo que mereces tú y lo que merecemos todos y cada uno de nosotros. Pero déjame decirte una última cosa, si no te da eso, si te da menos de lo mereces, si sencillamente te resta felicidad, ten el coraje y la fuerza para alejarte y seguir tu camino, te prometo que vas a estar bien.

No siendo más me despido, no sin antes pedirte una única cosa: Siempre dirígete a las demás mujeres con el mismo valor y respeto con el que hoy me dirijo yo a ti, que lo que vivas con un hombre jamás te lleve a odiar, insultar o denigrar a ninguna mujer porque ningún hombre que te ponga en esa situación lo merece. Antes que nada amémonos, cuidémonos y respetémonos entre nosotras, porque lo valemos y lo merecemos.

Adiós bonita y que la vida siempre te sonría.

LA ÚLTIMA COPA

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Era la última copa de vino de la noche, había bebido suficiente y la luna ya estaba cansada de escucharme hablar de lo mismo, miro a la ciudad y veo como las luces se apagan una a una, tantas historias allí reunidas, tantas personas amándose y otras tantas odiándose, extrañándose, olvidándose. Y allá en una de esas luces has de estar tú, acostado de medio lado con una pierna fuera de la cobija y entre tus brazos ella, cuidándote el sueño como antes lo hacía yo.

Quisiera odiarla, encontrarle mil y un defectos y pensar que estas con ella como premio de consolación, pero no puedo ¿para qué mentir? Es maravillosa, de aquellas personas que uno siempre debería tener cerca y si no fuera porque ella es la culpable de que tu corazón ya no me recuerde, seriamos sin duda amigas.

Llevo más de dos horas mirando las fotos en mi celular, una tras otra, he llorado y he reído. Me faltas en todo, y a pesar de que sigo aquí en el mismo cuarto en el que vivimos nuestra historia, siento que estoy en otro lugar ajeno; sin ti, siento que este ya no es mi hogar.

¿En qué piensas tú? ¿Qué sientes? Me pregunto si en las noches de luna llena al lado de la fogata mientras lees a Neruda me piensas. ¿Recuerdas cuando me sentaba a tu lado a cantarte mientras leías? ¿Recuerdas cómo se nos esfumaba la noche por la rendija mientras al calor de la fogata y luego de tanta poesía nos consumíamos de amor? Dime por favor que me recuerdas, que no me he ido del todo de tu mente. No quiero, ni necesito que me ames, ya sé que no, pero que me olvides, eso sería mi condena. Nadie quiere morir en el olvido de quien ama y yo no soy la excepción.

No te culpo, ni me culpo. En inútil buscar culpables en un acto del destino, tu tiempo en mi vida tenia fecha de vencimiento al igual que el mío en la tuya. Lo supe desde siempre, pero saberlo no me redime de sentir dolor, pues eres y serás de las coincidencias más bonitas de la vida; me enseñaste lo que viniste a enseñar y nos amamos en el proceso, no necesito más. Sé que todo pasará, porque nada es eterno, no lo es el amor, no lo es el dolor… sé que pasará. Mientras tanto seguiré bebiendo poco a poco lo que queda de esta copa de vino, recordándote entre lágrima y risa mientras el viento me sirve de pañuelo y la luna de consuelo. Te amaré en lo que esta copa quede vacía, te extrañare mientras el vino se agota gota a gota y cuando el sol se asome tímido en la ciudad y los rayos de luz se cuelen por nuestras ventanas, te soltaré, justo en el momento en el que su rostro se ilumina para que sea ella lo primero que veas cuando despiertes y justo en el momento en el que tu lugar vacío es lo último que vea al cerrar mis ojos.

Carta a mi alma gemela

Quiero escribirte mil cartas, para que cuando las leas sepas que siempre pensé en ti.

EntreLineas

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Supongo que un “hola” es suficiente para empezar.

No sé en qué circunstancias la vida nos ha juntado o nos juntará, ni mucho menos en que tiempo. Aun así quiero que sepas muchas cosas de mí, cosas que tal vez con el tiempo iras descubriendo pero que mejor gesto que escribirlas para que siempre las recuerdes.

Verás, toda mi vida he andado por ahí sabiendo que en algún momento y después de muchos aciertos y desaciertos te encontraré, y lo sabré en el preciso momento en que te mire y una de mis infalibles corazonadas me lo indique. Sí, lo sé, soy de esas románticas que cree en que ese tipo de cosas sucedan, puede parecer un poco patético, de hecho lo es, pero que sería de la vida sin lo absurdo y lo patético.

Como ya te pudiste dar cuenta en los anteriores párrafos, soy esa clase de chicas…

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Se mi San Valentin

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¿Quieres ser mi san Valentín?

No sé si sea la cita perfecta, pero prometo intentarlo, Ven y se mi san Valentín y si te gusta la cena y mi compañía vuelve para ser mi vida.

Se mi san Valentín, ven y caminemos juntos por las calles de la ciudad a media luz, ven y conviértete en mi sonrisa a media luna, en mi copa de vino, en las estrellas del cielo que nos cobija y si te gusta, vuelve para ser mi café en las mañanas y mi atardecer en la playa.

Me pondré mi mejor vestido, ese que resalte el brillo en mis ojos que apareció desde que te conocí, me pondré mi perfume favorito con la esperanza de que se te impregne en el suéter que me prestes cuando la noche sea fría, que se te impregne en el alma después de un abrazo. Pintare mis labios de rojo, para que los encuentres al final de la noche y llevare mi cabello suelto para que tus dedos se enreden en él con desmesura. Ven y se mi san Valentín que yo estoy lista para sorprenderte, tan solo ven.

Bailaremos al son de un bolero mientras la luna observa, te cantaré una canción que describa lo que siento, una y otra vez hasta hacerla nuestra y al final de la noche beberemos una copa de vino sentados en algún lugar de una calle desierta mientras cuento tus lunares a besos. Ven y déjame ser tu cita perfecta y si te convenzo vuelve para dejarme ser tu más bonito amor.

Se mi Valentín de principio a fin, en medio de esta distancia y de las ansias de encontrarnos, ven. Dame las horas suficientes para encontrarte, para mirarte, para sentirte, para besarte y para perderme en ti. Concédeme esta cita para quererte y si estoy de suerte, vuelve para quererme de vuelta… ¿Quieres ser mi san Valentín?

RETAZOS

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Estamos llenos de posibilidades, de sueños hechos y desechos, de besos reprimidos, de amores imposibles, de recuerdos con sabor a nostalgia, de rompecabezas incompletos, de miedos latentes.

Somos un cumulo de sin fin de sentimientos encontrados y no resueltos. Somos esa sonrisa que murió antes de nacer en nuestros labios,  ese beso que jamás dimos y ese ´te quiero´ que nos quemo el alma pero que nunca dijimos. Somos promesas incumplidas y esa vida que imaginamos junto a alguien que decidió partir, que ya no está; somos las lágrimas de quien herimos y  las que rodaron por nuestras mejillas en nombre de quien nos hirió. Somos lo que soñamos y lo que hacemos realidad. Somos la determinación de andar, de vivir.

Estamos hechos de pedazos rotos, de retazos. Venimos completos y nos desarmamos en el camino;  nos damos, nos entregamos por partes y cuando quedamos incompletos volvemos a crearnos con los trozos del pasado, de la experiencia, de quienes nos dieron todo y se fueron sin nada, de personas inciertas, de lo que ayer fue amor y hoy es olvido.

Somos una pieza imperfecta, abstracta, confusa. Lo somos todo sin serlo nada; todo al darnos completos y nada al quedar vacíos.

Le hablé a Dios de ti

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Anoche conversé con Dios. Le hablé de ti, le conté sobre lo mucho que te quiero, me dijo que ya lo sabía. Le deje explorar mi mente para que te viera como te veo yo; para que viera con sus propios ojos esos recuerdos que se pasean en mi mente a cada segundo, Él sonrió mientras yo lloré.

Hablamos del pasado, el presente y el futuro. Me dejó acomodar mi cabeza en su hombro mientras sobaba mi cabello y me explicaba con dulzura eso que la vida tantas veces me ha dicho y yo no he querido entender. Le pregunté si aquella historia del hilo rojo que unía dos almas era verdad, me contestó que ese tal hilo rojo se llamaba voluntad y entendí todo mejor, pero aun así dolió.

Le pregunté por ti, por tu camino, por lo que sientes, por lo que vives; le pregunté si me quisiste, si aún me querías, se me quedó viendo a los ojos mientras guardaba silencio, sentí miedo de su respuesta. Lo pensó un poco más y de dijo” ¿sentiste, en el fondo de tu ser, que te quería?” Pensé en lo bueno y en lo malo y le dije que a veces sí y a veces no, me dijo “Pues unas veces te quiso con más intensidad que otras, pero te quiso todo el tiempo” sentí alivio. Aclamé por la segunda respuesta, esta vez apartó la mirada y me explicó que el amor funciona distinto para todos, te acusé diciéndole lo poco que hiciste porque lo nuestro funcionara, luego me preguntó en un tono sentenciador ¿y tú has hecho algo por hacer que funcione? Quedé atónita, creo que nunca me detuve a pensarlo. Me explicó que el error de nosotros los seres humanos es que analizamos el amor desde nuestra zona de confort, a nuestra conveniencia, vemos lo que nos falta a nosotros, de si nos sentimos lo suficientemente amados pero no nos detenemos a pensar en si a la otra persona también le falta algo, o si también se siente amada. Me hizo entender como convertimos un sentimiento tan puro en algo tan terrenal y egoísta, en como confundimos el amor con el apego, como nos pasamos culpando al otro cuando a veces ni siquiera existe un culpable.

Hablamos por unas horas más, le pedí con insistencia que retirara de mi todo lo que siento por ti, que hiciera más fácil mi camino, se rió a carcajadas y me dijo que la vida no era un partido de ajedrez donde Él era el jugador y nosotros las fichas. Él nos deja decidir, pensar y actuar con libertad, nos deja aprender lo que vinimos a aprender y vivir lo que vinimos a vivir, “es tu decisión que hacer con lo que sientes, de modo que no busques la respuesta en mí, porque esta es en ti”. Después de todo entendí que no hay decisiones equivocadas, que siempre podemos cambiar de ruta cuando sintamos que no pertenecemos al lugar en donde estamos.

Finalmente miró la hora y se despidió, tenía amaneceres por pintar y estrellas por colocar, lo abracé, le agradecí y vi cómo se esfumaba por la ventana.

Anoche conversé con Dios, del amor, de la vida, de ti.

 

EN LA VIEJA BANCA DE UNA ESTACIÓN DE TREN

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Sigo sentada en esta banca solitaria de la estación de tren donde alguna vez te vi partir, estoy aquí con mi equipaje sobre la banca guardándote un espacio junto a mí. Tengo en mi bolsillo dos tiquetes de tren y en mis ojos la esperanza de verte llegar por la puerta dorada de aquella fría estación, siento que llevo aquí sentada horas, días, meses, incluso años. Tantos trenes han parado y emprendido la marcha, tantas personas que han ido y venido, tantas cosas que tan solo dejé pasar, que vi de lejos mientras te esperaba, tantos viajes a lugares desconocidos que perdí, y tantas conversaciones con compañeros de vagón que nunca sucedieron y que no sucederán mientras siga aquí en esta banca maltrecha esperando por ti. Me has escrito decenas de mensajes diciéndome que ya  vienes en camino; que te detuviste a conversar con una extraña; que mejor ya no vienes; que cambiaste de opinión y que mejor si te espere; que llegarás pero no sabes cuándo; que es mejor que me vaya sola; que no me mueva porque aun esperas llegar; que me vaya sola y luego me alcanzas; que no deje este asiento y yo solo me quedo aquí quieta porque vivo con el temor de que llegues y yo no esté.

¿Hace frío, sabes? Solo me cubre este abrigo viejo y el par de guantes que me regalaste, pero no es suficiente. Tengo la esperanza de sentir tu calor cuando te sientes a mi lado pero si no vienes y me quedo aquí voy a morir de hipotermia. Todo desde aquí es ajeno, estático, tan rápido y tan lento a la vez y yo solo soy una espectadora. Siento que el tiempo ha frenado y que mi vida esta pausada mientras siga aquí esperándote.

Cuando me convenzo de que no vendrás y me animo a tomar el tren aparecen señales que me hablan de ti, me escribes una vez más para asegurarme que está bien si tomo el tren sin ti, pero que te alegra que aun siga sentada aquí a tu espera y entonces la esperanza vuelve y yo te espero una hora más.

Cierro los ojos por un momento, de repente todo se torna oscuro y solitario. Hay un tren parado justo en frente mío, no hay nadie corriendo para alcanzarlo ni nadie saliendo de él; la niebla espesa no me deja ver quien hay adentro y de repente detrás de mí en el interior de la estación escucho la puerta dorada abrirse, eres tú. Bajo la maleta de la banca y me paro para recibirte, ha pasado tanto tiempo que no sé qué hacer, solo me paralizo al lado del asiento mientras te veo entrar, caminas con paso firme y sin apartar la mirada del vagón del tren, siento que algo no anda bien. De repente pasas por mi lado sin saludarme, sin si quiera mirarme, creo que ni siquiera notaste mi presencia allí. Tú no vienes por mí, vienes por la persona que está dentro del vagón del tren, ese no es mi tren. Veo como sigues de largo mientras las puertas del vagón se abren y una sombra al interior te recibe, no veo con claridad. Las puertas se cierran y veo el tren marcharse contigo adentro, te veo partir sin mí. Me siento de nuevo, miro la maleta y con el alma hecha pedazos decido que se quede en el piso para dejar un espacio en la banca, junto a mi, para que alguien más se siente a esperar el siguiente tren y que quizás quiera compartir el asiento dentro del tren conmigo.

Me despierta de manera súbita el sonido que avisa que el próximo tren viene llegando, la estación de repente está llena de vida de nuevo y la luz del sol reemplaza la neblina, todo fue un sueño, pero cuando miro al lado me doy cuenta de que en efecto, mi maleta está en el piso y en su lugar hay alguien más, alguien que no eres tú. Llega el tren, miro los tiquetes que tengo en el bolsillo y me doy cuenta de que es el mío, pero ya no el nuestro. El sujeto que está al lado me sonríe, creo que también es su tren. Me paro, miro tu tiquete una vez más y lo suelto al viento, ya no lo necesitas y yo tampoco. Me subo al vagón del tren, tomo asiento y en el espacio que creí que era para ti toma asiento el mismo sujeto que me sonrió afuera. Creo que después de todo, sin saberlo, siempre le guarde un lugar a él y no a ti.