Espejo

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Y el caos comienza un día en el que te miras al espejo y de repente te das cuenta que no eres quien esperabas ser, que no vas ni por la mitad del camino para serlo, que de tanto repetirte ese discurso de que los sueños se hacen realidad y todo ese cuento de unicornios y arcoíris, no te fijaste en los pasos que dabas y te perdiste en el camino. Y ahora nada tiene sentido, todo se nubla y el panorama se ve áspero y lejano.

Miras hacia tras y te enteras de que todos los pasos fueron fallidos, que la estrategia no fue la adecuada y que en algún momento perdiste el enfoque. Te miras en el espejo y no te reconoces, eres alguien nuevo, alguien que no te agrada, una persona opacada y cabizbaja, ya vez esos años de mas que anuncian el fin de la juventud, y el sentimiento de que todo ha sido desperdiciado vuelve a acechar, seguro queda mucho por hacer, pero no sabes de donde sacar las fuerzas. Como volver a creer en esa persona que ves en el espejo si ya bastante te defraudo, como confiar en que esta vez si será diferente y que no va a seguir metiendo la pata. Es incluso más difícil creer en ella de nuevo que volver a empezar. Las horas pasan y el reflejo sigue hablándote de lo mismo, cada vez lo soportas menos, te agrada menos, quisieras no volver a cruzarte con él. Porque la verdad duele, porque no estás cansado de la vida, sino de ti mismo y ante eso no hay mucho que hacer. Apartas la mirada del espejo y te marchas con esa persona a cuestas, esperando tener la valentía y la fuerza para soltarla y abandonarla en alguna parte del camino.

Carta a mi alma gemela

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Supongo que un “hola” es suficiente para empezar.

No sé en qué circunstancias la vida nos ha juntado o nos juntará, ni mucho menos en que tiempo. Aun así quiero que sepas muchas cosas de mí, cosas que tal vez con el tiempo iras descubriendo pero que mejor gesto que escribirlas para que siempre las recuerdes.

Verás, toda mi vida he andado por ahí sabiendo que en algún momento y después de muchos aciertos y desaciertos te encontraré, y lo sabré en el preciso momento en que te mire y una de mis infalibles corazonadas me lo indique. Sí, lo sé, soy de esas románticas que cree en que ese tipo de cosas sucedan, puede parecer un poco patético, de hecho lo es, pero que sería de la vida sin lo absurdo y lo patético.

Como ya te pudiste dar cuenta en los anteriores párrafos, soy esa clase de chicas que sueña despierta y que prefiere ver una película romántica a una de acción (aun así, podría ver un par de acción contigo si tanto te gustan). Me faltaron unos cuantos centímetros para aterrizar del todo; no veo la vida con la misma seriedad con que el resto lo hace y de corazón espero que tú tampoco. Creo que el tiempo que nos dieron para estar aquí es demasiado corto y que el único propósito del ser Humano debería ser feliz y hacer feliz a quienes lo rodean. En este orden de ideas espero que nuestro propósito junto sea ser felices.

Ganarte mi corazón no será tarea fácil, no porque me haga la difícil, sino porque la manera de ganarlo no es la eventual, odio los discursos trillados de “donjuán” y esas promesas falsas que no se cumplen. Mi corazón te lo ganas siendo tú, tan autentico y real, tan honesto y abierto, te lo ganas haciéndome morir de la risa con cada cosa que haces y con cada locura en la que me haces seguirte y en la que me sigues sin pensarlo dos veces; te lo ganas con cada acto de bondad y humildad hacia los demás, con tu sencillez y por supuesto con tu inmenso amor a los animales (esta última es infalible). Igual estoy segura que eso no será problema para ti.

Quiero que sepas que lidiar conmigo no será tarea fácil, deberás armarte de mucha paciencia, soy algo torpe y bastante despistada. Me verás con algo en las manos y a los 5 minutos estaré preguntándote donde lo dejé, no recordare muchas de las cosas que me cuentas como el nombre de tus jefes, las conversaciones con tus amigos o los eventos futuros, pero sin duda alguna recordare con precisión la fecha en que nos conocimos y el lugar exacto, recordare lo que llevabas puesto y las primeras palabras que nos dijimos; recordaré cuándo nos dimos nuestro primer beso y como te temblaban las manos: recordaré la fecha de nuestro aniversario sin falta y el día, mes y año en el que naciste. Me aprenderé de memoria tus gustos y tus pasiones, guardare en mi lista de música un par de tus canciones favoritas para cantarlas cuando no estés cerca, memorizare la receta de tu plato favorito y la prepararé para ti cuando estés agotado. Tras unas tres o cuatro veces que me lo repitas me aprenderé el nombre de tus padres y hasta de tus abuelos y jamás olvidare las cosas que te hacen sonreír.

Probablemente seas tú quien cuide de mi la mayor parte del tiempo, pero cuando estés débil ya sea por una simple gripa o porque sientes que todo a tu alrededor se derrumba, ahí estaré yo a tu lado con un té con limón caliente para ti o abrazándote para hacerte saber que no todo está perdido.

No, no todo será color de rosa, seré malhumorada en varias ocasiones y me molestaré por estupideces, pero sabrás que bastara con abrazarme y hacerme reír para que se me pase. Lloraré con bastante facilidad cuando estés enojado conmigo o cuando sea yo quien lo esté, pero no pienses que lo hago para manipularte simplemente es porque soy emotiva a más no poder y deberás aprender a lidiar con ello, aunque si le ves el lado bueno también llorare de felicidad cada vez que me sorprendas con un acto o con una palabra. Seré orgullosa y más de una vez creeré tener siempre la razón, pero prometo trabajar en eso.

En las noches te pediré que pares de hacer lo que estés haciendo para ver una película conmigo y dos segundos después de que empiece me quedare dormida en tus brazos, las películas que elija probablemente te parecerán aburridas o tontas, pero valoraré el hecho de que las veas por mí. Me sonrojare cada vez que te quedes mirándome sin decir nada, me pillaras bailando y cantando como loca alrededor de la casa o en medio de la calle cuando suene una buena canción; te haré pasar más de una pena pero serán más las carcajadas que te saque.

No necesitare que me regales joyas (de hecho no me llaman mucho la atención) amaría mucho más que te aventuraras en un viaje conmigo, que conociéramos nuevos lugares juntos y experimentáramos cientos de cosas que luego quedarán guardadas como los mejores recuerdos.

Haré que cada momento a tu lado valga la pena, sé que tú también lo harás porque a pesar de no ser perfecta sé que merezco a alguien como tú, que me ame, me respete y me vea como si fuera una bendición en su vida, así como lo serás tú en la mía. Sé que estarás para mí siempre que te necesite, que no intentaras cambiar mi forma de ser, aprenderás a vivir con mis defectos y me querrás tal como soy, porque de eso se trata el amor. Sé que me impulsaras a ser mejor cada día, a ser mejor juntos, que no soltaras mi mano y me mantendrás siempre a tu lado, no atrás, no adelante, sino a la par.

Se y estoy segura que serás un motivo por el cual cada día al despertar le agradezca a Dios y a la vida.

No sé si al momento de leer esto sabrás que se trata de ti, o si nos tocará esperar unos años más para descubrirlo. No sé si ya nos hemos cruzado antes o si jamás en la vida nos hemos visto. No sé si leerás esto soló o si estaré yo a tu lado viendo tu reacción mientras lo haces. Sea como sea quiero que sepas que te he esperado toda la vida y que todo lo que he vivido ha sido la antesala para llegar a ti, porque creo en que las cosas buenas suceden y que la vida no sería vida sin algo de magia.

Te veo pronto…

ELIJO SER TÍA

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Si mis cálculos no me fallan ya estoy en esa edad en la que nadie me va a juzgar por ser demasiado joven para tener un hijo. Digo, no creo que me feliciten, porque tengo muchas cosas que resolver antes de atreverme si quiera a pensar en tener uno, pero seguramente si lo tuviera no sería mucho el impacto como lo hubiese sido hace unos años atrás.

Las fotos de personas enfiestadas, en mi página de inicio en Facebook o Instagram están siendo reemplazadas cada vez más por fotos de bodas y bebés y es que según las imposiciones o costumbres sociales (cada quien le llama como quiere), ya estamos en edad de llegar a ese escalón. Hace unos 5 años atrás imaginaba que más o menos en estos años ya seguramente iba a estar felizmente enamorada del hombre que sería el amor de mi vida, con un anillo en mi dedo anular y con la esperanza de que en uno o dos años después de la boda estaría esperando mi primer y adorado hijo. Pues bueno, pasaron los años y ni el anillo, ni el hombre y por supuesto muchísimo menos las ganas de tener un bebé.

Los llaman bendiciones y regalos de la vida y no dudo que así sea, pero no considero que sean bendiciones estrictamente necesarias para poder ser felices. Creo que una vida plena sin hijos es posible, para el que lo quiere. Y que el hecho de que una mujer sea honesta consigo misma y decida no tener hijos no la hace una persona egoísta. Egoísmo a mi concepto seria traer al mundo un hijo solo por presión o miedo a quedarse solos o a sabiendas de que no se posee la devoción, la paciencia y el tiempo para hacerse cargo de otro ser humano durante toda su vida.

A veces dos personas son suficientes y los planes de vida y sueños no tienen cabida para un tercero, y está bien. No es lo mismo viajar y disfrutar con tu pareja de un atardecer en la playa y una copa de vino o de una cena para dos en la ciudad sin tener que pensar en un motivo para regresar temprano a casa que una ida a un parque de diversión con dos o más personitas las cuales serán el foco de atención durante todo el trayecto o que una ida a un restaurante con juegos infantiles lleno de niños correteando por todo el lugar mientras batallamos sin cansancio para que los nuestros se acaben la comida. Seguramente los que tienen hijos me darán argumentos muy validos por lo cual las dos últimas opciones son mejores y más gratificantes, al que le gusta le sabe, pero como en este momento no los tengo ni planeo hacerlo no podría entender ese sentimiento, por lo cual sigo prefiriendo una vida de dos.

Como muchos otros, tengo sueños, metas y planes solo para mí, y si alguien quiere unirse pues bienvenido sea. Un hijo en los próximos años de mi vida significaría renunciar a muchos de ellos, y por favor queridos papás, no me digan que tener un hijo no significa renunciar a nuestros sueños porque bien saben que si es así. Un hijo implica responsabilidades, estabilidad, el 100% de nuestra atención y mucho dinero, cosas que no son compatibles con lo que he planeado para mi vida durante los próximos años. Sé que muchos lo llamaran egoísmo, pero yo lo llamo sensatez.

No creo justo renunciar a muchos sueños por alguien más y mucho menos lo es no darle toda la atención y el amor que un hijo se merece por estar haciéndolos realidad y como soy una persona que odia los puntos medios y las cosas a medias, o es lo uno o es lo otro.

No se quien seré en 5 o 10 años, todos cambiamos y nuestros ideales también, sin embargo tengo claro quién soy ahora y lo que quiero de mi vida, no tengo afán de casarme, ni de tener hijos y tampoco de hallar un trabajo estable, por ahora quiero concentrarme en hacer de mi vida algo memorable, de atreverme a hacer esas cosas que me causan un nudo en el estómago y que hacen brillar mis ojos; de construir lo mío y vivir de acuerdo a mis propios ideales. No importa si se me van unos cuantos años lográndolo o si se me va toda la vida en ello.

Mi futuro lo aseguro paso a paso y no me cierro a la posibilidad de pensar en tener hijos en unos 8 o 10 años, uno cambia y las prioridades también, pero por ahora como muchos otros, elegiré ser “egoísta” y planear una vida solo para mí o si estoy de suerte, para dos.

La señora del gym

150916173648_gimnasio_toalla_624x351_thinkstock_nocredit.jpgHoy como (casi) todos los días estaba en el gimnasio haciendo mis rutinas de ejercicio, pocas veces me fijo en las personas que están a mi alrededor, generalmente me concentro en lo mío y una vez que termino me voy. Pero hoy me paso algo muy particular que debía compartir con ustedes.

Estaba en una de las clases grupales, cuando vi a una mujer en la primera fila con un atuendo que a primera vista lucía muy jovial, blusa fucsia con escote atrás, leggins grises con pintas fucsias que combinaban bastante bien con la blusa y su cabello lo llevaba recogido en dos trenzas muy bien hechas. Como solo la veía por detrás asumí que era una muchacha tal vez de mi edad, era bajita y gordita pero con mucha energía y disposición para hacer los ejercicios. Todo iba normal hasta que la “muchacha” se dio la vuelta y pude verle la cara, pues bueno, no se trataba de alguien de mi edad si no de una señora de unos 40 años, diría yo. Como hubiera hecho cualquier mujer, empecé a detallarla más minuciosamente y entre más la detallaba más pensaba “Dios, porque no se viste como una señora, parece una culicagada de 20” “ese escote en la espalda no le va para la edad que tiene ni para el cuerpo” así que empecé mentalmente a armarle el outfit adecuado para su edad mientras me repetía lo “ridícula” que se veía. Y mientras yo perdía mi energía negativamente en el tema, ella que no se daba por enterada de lo que por mi mente pasaba, realizaba los ejercicios feliz y con toda la voluntad del mundo seguramente pensando en lo bien que se sentía tanto con el hecho de estar ejercitándose como con su atuendo.

Y fue justo en ese instante cuando la vi tan feliz que caí en cuenta de que la ridícula aquí era yo. El atuendo en cuestión, era en realidad tan bonito que me hubiera gustado tenerlo yo, sus trenzas estaban tan bien hechas, que se me antojo hacérmelas algún día para ir a entrenar y se veía tan sonriente que me hizo entender que a la única que le afecta lo que yo piense u opine, es a mí. Entendí en ese momento que tal vez, la mayoría de las veces, al criticar al otro solo estamos haciendo eco de nuestras propias falencias y deseos frustrados.

Sí, tal vez era un atuendo juvenil en una mujer físicamente no tan joven, pero ella se sentía bien y por ende, se veía bien. Porque mientras muchas mujeres de su edad se resignan a la idea, no tanto de ser gordas, si no de vivir en el sedentarismo inventando mil pretextos, ella decidió pararse de la comodidad de su cama, suspender sus actividades caceras y esforzar un poco más el cuerpo después de un día de trabajo para ir a un gimnasio (lleno de gente tal vez ridícula y superficial como yo que la puede juzgar por algo tan simple como su atuendo) para ejercitar su cuerpo, ser saludable y sentirse mejor con ella misma por encima del “qué dirán”.

Así que cambie el switch y empecé a observarla de una manera positiva, me alegré de que en el mundo hubiesen personas como ella, me pareció excelente que se preocupara por lucir bien y admire esas ganas y esa determinación que la tenían ahí parada en frente mío.

Finalmente me concentre en la rutina, terminé la clase y cuando vi la oportunidad justo antes de irme, le regale una sonrisa y le dije “lindo atuendo”

Quizá la vida sería más llevadera, más agradable, si dejáramos de señalar, criticar y juzgar, si en vez de envidiar y renegar nos alegráramos más por la felicidad ajena. Solo se trata de dejar al otro ser feliz a su manera, mientras nosotros buscamos ser felices a la nuestra.

Te dejo ir…

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Qué difícil es soltar algo que no es nuestro, que doloroso es dejar ir aquello a lo que nos aferramos con cada partícula de nuestro ser.  Olvidamos que nadie nos pertenece, que nada es para siempre y que lo que hoy llega, mañana se va.

Debo admitir que de todas las veces que he dejado ir a personas de mi vida, esta ha sido la más tormentosa y la que más fuerzas me ha quitado. Fue de esas ocasiones en las que te desdibujas, en la que das tanto de ti para el otro, que te olvidas de ti; te moldeas tanto a la otra persona, a sus expectativas que pierdes tu propia forma y cuando todo acaba te encuentras a ti mismo perdido, deforme y olvidado y ya no recuerdas  como volver a ser tu.

Se nos olvida que antes de esa persona ya éramos,  que supimos vivir sin su presencia y aún así fuimos felices. Se nos olvidan las personas que estuvieron antes y también se marcharon y que el dolor que dejó su partida con el tiempo se disipó y pudimos seguir caminando. Ya sabemos cómo funciona, sabemos que no hay dolor que el tiempo no cure, ni corazón roto que no pueda ser sanado. Sabemos que en algún momento de nuestras vidas cuando la tormenta pase, volveremos a encontrarnos con alguien que nos mueva el mundo, que hagan brillar nuestros ojos de nuevo y que acelere nuestro corazón con una palabra, con una caricia y nos haga ver hacia atrás para entender que esto que ahora nos hunde mañana solo será una experiencia más, un recuerdo que ya no duele.

No importa lo que diga la otra parte, lo que diga el resto del mundo. Hoy estoy tranquila porque se con toda la honestidad y con todo el corazón que di todo cuanto me fue posible; que me arriesgue a amar y lo hice a manos llenas, y no en lo material sino en lo realmente importante. Sé que cuando el orgullo y los resentimientos pasen él también lo sabrá. Por mi parte soy consciente de todo lo que recibí, de lo malo y mucho más aun de lo bueno; sé que el amor no es perfecto y viene con sus grietas y que no por el hecho de que una persona no me ame como espero que lo haga, no significa que no me ame.

Soy honesta conmigo y es justo con la otra persona admitir mis errores, no los justifico. Pero también es justo conmigo misma reconocer que no fui la única que se equivoco, que yo también fui lastimada cuando no lo merecía, que su amor fue puesto en duda cuando el mío era firme. Sé que él olvido esa parte, pero está bien, el ser humano siempre busca culpables para sentirse mejor consigo mismo, cuando lo más sano es dividir la carga y las culpas y entender que así como se necesitan dos para empezar una relación, se necesitan también dos para acabarla.

Sé que me seguirá doliendo, que seguiré extrañando y que seguiré amando, pero no para siempre. El tiempo hará de las suyas y la vida me conducirá por el camino que me lleve a donde debo estar y no lucharé contra eso. Que pase lo que deba pasar.

Por mi parte iré reconstruyéndome de a poco, iré reencontrándome conmigo misma hasta volver a enamorarme de mí, me armaré otra vez hasta ser yo de nuevo, con mis sueños y mis propias expectativas, volverá ese universo que llevo dentro y seré imparable.

Así soy yo

Me he caído tantas veces, que parece que viviera en el suelo. ¿Qué puedo decir? Soy impulsiva, rebelde y terca a más no poder. Sí escucho consejos pero jamás los aplico, sólo los guardo en un cajón de reserva para analizarlos y reflexionar una vez que ya he metido la pata. He sido blanco de múltiples críticas y de constantes “es que creo que te apresuraste mucho”  y el problema (más para los demás que para mí) es que me importa poco.

Tal vez me he tomado muy a pecho esa frase común que rueda por las redes sociales que dice “vive hoy como si fueras a morir mañana”, no es que todos mis días sean una aventura (ya quisiera yo) pero si constantemente todas mis acciones pensamientos y sentimientos son enfocados en hacer lo que me hace feliz, estar donde quiero estar y seguir el camino que siento que debo seguir. No concibo la vida de otra manera. Tal vez este equivocada, tal vez si sea cierto que hay que aterrizar y hacer lo que todos hacen, estudiar algo que de dinero, trabajar para otro como mula, ser el mejor para recibir algo más de dinero y seguir así hasta que se nos vaya vida esperando que llegue el momento en que seamos felices. El problema es que por más que lo intento, más desencajo.

No me gusta lo estático, no me gusta la rutina, mucho menos la monotonía. Siempre mi vida ha estado rodeada de cambios así sean pequeños, cambios de colegio, cambios de casa, de ciudades y hasta de carreras. Me gusta esa sensación en el pecho que produce lo nuevo, que produce el cambio, me gusta conocer nuevas personas y explorar nuevos lugares. Decidí que no nací para quedarme quieta, no tengo por qué. El hecho de que no viva la vida que los demás creen correcta no significa que yo este mal, solo significa que cada quien vive como siente que debe hacerlo y si eso los hace feliz, ¿qué más da?

Odio las ataduras (que es algo muy diferente al compromiso), detecto al instante cuando alguien quiere manipularme para que haga las cosas de cierta manera y lo que generalmente hago es  todo lo contrario, porque así soy yo, jodida.

Me caeré, me levantaré, me equivocaré, lloraré, lo solucionaré, seré feliz, extrañare, me perderé, me encontraré de nuevo, reiré a carcajadas, me enamoraré, me desilusionaré,  encontraré, perderé y volveré a encontrar. No será perfecto, pero será real y yo seré feliz.

La crisis de los Veintitantos

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Aún recuerdo cuando apague mis velitas de mi cumpleaños #20 y pedí en el fondo de mi corazón quedarme en esa edad por siempre. Fue entonces cuando me convencí por completo que los deseos no se hacen realidad… pues ya voy en los 24.

La verdad es que en esta etapa de los 20’s es cuando entendemos por fin, el significado de la palabra “crecer”, porque ni aún en los 18 cuando por fin nos dan la cedula y podemos entrar a un bar sin lio, sentimos tan real el hecho de que estamos creciendo como ahora.

Con los 20’s nos llega una ola, que digo ola, un tsunami de todas Las responsabilidades, decisiones, acciones y demás que definirán nuestra vida para siempre y la verdad mis queridos lectores, es que no tenemos ni idea de qué hacer con ello. Y esto es apenas la cereza del pastel.

La crisis de los veintitantos, si señores!

Un viernes salí con mis amigos de toda la vida a tomar unos tragos y empecé a notar que había mucho “muchachito “de la edad de mi hermana (mi hermana tiene 18)  rondando por allí, bailando y bebiendo, inmediatamente les pregunte a mis amigos por qué había tanto niño y no la gente de siempre, a lo que uno de ellos muy acertadamente respondió “no es que acá haya mucho niño, es que nosotros estamos viejos”  Sí,  de golpe en la realidad. Lo normal es que la gente de 18 a 22 años este rumbeando todo un fin de semana, mientras los de veintitantos estamos en nuestras casas viendo películas o comiendo y tomando algo suave con un par de amigos hasta las 11 pm por el motivo de que estamos cansados, o de que simplemente ya la fiesta no nos sabe a lo mismo.

Nuestros requerimientos a la hora de hacer amistades cambia, ya no nos interesa salir cada ocho días con ese amigo que se quedo en la época de los 18; ni hablar seguido con ese que de lo único que habla es de la vida de los demás porque el tiempo le sobra, o de que se pondrá para la fiesta del viernes, No. Nos empezamos a rodear con amistades que nos reten intelectualmente, personas que nos aporten y que nos inspiren, de esas que no nos llamen aburridos por ocasionalmente querer ir a un café en lugar de un bar.

Y ni hablar de las relaciones de pareja. Ya nos volvemos personas exigentes y no exigentes en el plano físico, sino exigentes en cuanto a lo que nuestra pareja puede llegar a ser.  Empezamos a hacer de lado a esos prospectos que se la pasan de fiesta en fiesta y a marcar con chulito al que estudia , al que trabaja, al que tiene metas y utiliza el cerebro para seducir más que el físico, y ¿por qué? Bueno porque a esta edad ya no buscamos una pareja con la que podamos durar si mucho dos años y a la que podamos lucir al salir de rumba, si no que empezamos a buscar una pareja con quien compartir la vida, con quien hacer planes a mediano y largo plazo; alguien con quien nos podamos sentar a hablar de sueños y metas un viernes por la noche mientras tomamos un café o disfrutamos de una buena cena; simplemente nos empieza a interesar mas encontrar con quien amanecer un domingo, que con quien ir a la cama un viernes.

Si, seguramente si mi “yo” de 18 leyera esto ahora, se sentaría a reírse por un buen rato mientras se jura a ella misma nunca llegar a ser tan “aburrida”. Pero ahí está la clave de crecer, sabes en realidad que eso está pasando, que estas madurando cuando eso que te parecía aburrido empieza a tornarse interesante.

Y bueno, alejándonos de eso, lo realmente caótico aquí es que a nuestros veintitantos no sabemos qué hacer con la vida. Estudiar, graduarse, trabajar, casarse, tener hijos. Estamos a pocos años de llegar a la edad en donde se supone ya deberíamos tener resuelto gran parte de esos planes, que por cierto son mas imposiciones sociales que deseos propios, y es justo en este momento cuando nos replanteamos todo lo que desde chiquitos nos enseñan y nos ponemos en esa posición entre hacer lo que se debe o hacer lo que se quiere.

Si me hubiesen preguntado hace dos años o más, cuáles eran mis planes en cuanto a casarme y tener hijos, hubiera contestado sin titubear y con toda la certeza que me casaría a los 25 y tendría mi primer hijo máximo a los 27 y el segundo un año después… pues bueno, me falta menos de un año para los 25 y no hay planes de boda, ni los habrá.

No me importaría casarme a los 30 y tener un hijo a los 33 o simplemente no tenerlo. Las prioridades cambian y los deseos también y lo mejor de los veintitantos es que tenemos una fuerza y determinación increíble que ni los de 18  o los de 30 tendrán jamás para hacer, crear, modificar y arreglar tanto el mundo como nuestras vidas; tenemos unas ganas enormes de comernos el mundo y toda la actitud y disposición para hacerlo. Estamos en el punto perfecto para ser jóvenes y a la vez adultos y ver la vida desde el mejor punto.

Sí, estoy en la crisis de los veintitantos seguramente como la mayoría de los que están leyendo este articulo; Sí, tenemos miedos, inseguridades y temor a equivocarnos, pero estoy segura de que si en 20 años nos preguntarán cuál fue la mejor etapa de nuestra vida diríamos sin dudarlo…

La de los veintitantos.

 

Sala de espera

El tic tac del reloj retumba en mi cabeza como si fueran cañones de guerra, sacuden mis pensamientos y los desencajan cuando logro ordenarlos.

Todo parece tan estático y detenido en el tiempo entre escalas de blanco y gris. Repaso por tercera vez las revistas viejas y desgastadas que están encima de la mesa del centro y por un momento envidio a las personas casi perfectas que se encuentran del otro lado del papel, tan sonrientes y esplendidas libres del tic tac de este reloj.

Después de tres cafés amargos,  e incontables vueltas del minutero la sala comienza a tornarse oscura y la vida tan amarga como el café. La gente a mi alrededor es la misma de siempre sin serlo. Todos lo que entran es un poco como los que salen. Taciturnos y absortos en sus propias desgracias y aferrados a una insípida porción de fe. Aquí todos esperan sin saber a ciencia exacta que, detenidos en el tiempo por el vaivén de una puerta.

Veo a lo lejos las luces de la ciudad encenderse y pienso en ella, su sonrisa, su cabello negro, su mirada, sus labios, su tez, ella en su totalidad. Me abrazo a la manera en que sostiene mi mundo con determinación y ternura y pienso en cada minuto en su compañía que pospuse por otros asuntos y que hoy me parecen toda una vida. Sigo sin saber que espero pero me aferro a ella, al palpitar de su frágil corazón que retumba al otro lado de la puerta giratoria a los compas del incesante tic tac del reloj. Abro los ojos después de lo que me pareció una milésima de segundo y veo la ciudad a través de la ventana resurgir con el sol, me estiro y observo aquella sala detenida en el tiempo, tan gris, tan pálida.

Soñé con ella, de nuevo. La vi acercarse mientras sin quererlo me alejaba: me sonreía y percibía en su mirada la luz del universo,  en ese lugar no esperaba nada porque ya la tenía a ella y ella me tenía a mí; entre más se acercaba más me sentía arrastrado por la fuerza de lo real. Luche por esperarla por clavarme en aquel sitio hasta que su mano tocará la mía, podía casi que respirar la felicidad, me sentí a unos metros del cielo; pero el tic tac del reloj me arrastro de nuevo a aquella silla tiesa e incómoda perdida en medio de esta sala. La gente que hay en ella no es la misma de ayer y yo tampoco lo soy, hoy sigo sin saber que espero pero sé que la quiero a ella y con eso me basta para esperar un poco más.

Se oyen pasos detrás de la puerta, suficientes para despertar al mundo inmóvil que habita esta sala, se acerca un sujeto cuya expresión muerta no deja entrever nada y cuyo traje azul combinan con sus ojos inexpresivos y duros. Empuja la puerta y con un desaliento disfrazado de carácter dice mi nombre, siento que todos me observan, que la ciudad entera se detiene conmigo, pienso en ella y siento como el tic tac del reloj se acompasa con los latidos furiosos de mi corazón y antes de que pueda decirme algo mas, se detienen… “Lo lamento (…)”-  quiero se calle y se haga polvo, quiero despertar antes de que continúe pero no lo consigo – “Hice lo que estuvo en mis manos”. Ya es demasiado tarde, mi corazón no responde, ya no tengo nada que esperar.

… el tic tac del reloj retoma su rutina.

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Aurora

Un amor intermedio, que no es oscuridad, tampoco luz. Un amor perpetuado en un instante que se esfumó al salir el sol. Eso eres y serás siempre…

No habrá cafés en las mañanas, ni largas platicas sobre la vida y el amor o sobre lo absurdo y lo vano; no veré el color de tus ojos a la luz del sol, ni sabrás mis manías a la hora del almuerzo; no habrá lugar para soñar juntos, ni espacio para el futuro. Somos el aquí y el ahora, sólo caricias y besos vacíos, gemidos y una dosis de éxtasis, dos cuerpos extraños que en la aurora se funden y se hacen uno, para luego desconocerse de nuevo y no dejar rastro alguno.

La mañana entra impetuosa por mi ventana, ya no hay ropa en el piso y mi sostén reposa en mi pecho, como si todo hubiera sido un sueño confuso del que solo recuerdo instantes. porque sólo eso eres, un instante entre la noche y el día, entre el amor y la indiferencia, entre la muerte y la vida.

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