CARTA A UN AUSENTE

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No sé cuántas cartas te he escrito hasta el momento, son las mismas que reposan en el baúl de mi armario y es que a pesar de ser tú el remitente, es allí donde pertenecen. Después de tanto tiempo el ritmo de mis días retoma su curso, ya vuelvo a distinguir los días de las noches y una hora vuelve a ser de 60 minutos y no una eternidad.

Sabía que no me iba a morir a causa de tu ausencia, ahora me parece lógico, pero al segundo en que te vi partir todo parecía posible. Ese agujero negro que se abrió paso en mi pecho, esa sensación de estar cayendo al vacío irremediablemente,  de andar inerte, de andar sin alma y con el corazón en la mano desmoronándose poco a poco, era lo más parecido a la muerte. Pero yo seguía vivía, como quien despierta en medio de una cirugía a corazón abierto y siente cada punzada, cada corte, el dolor insoportable y la falta de aire; sin fuerza suficiente para levantarse, para llorar, para gritar o pedir ayuda; no es la muerte, pero ¿acaso a ese lapso intermedio se le puede llamar vida?

Ya dejé de buscar por doquier la respuesta a tu partida, ya dejé de culparme a mí y de culparte a ti, ya no pienso en tu regreso como algo posible, la razón y la cordura están de nuevo en su sitio. Escribirte y hablarte; gritarte e insultarte, aun cuando no puedes leerme ni escucharme han sido mi terapia, mi liberación. Vives en cada recuerdo, en cada rincón donde solíamos reír, en cada calle que caminamos juntos, en el café donde me sonreíste por primera vez; aun mi cama conserva tu forma y el armario tu olor; te escucho constantemente en el eco de mi habitación y tu risa estridente retumba por toda la casa, pero ya no me duele, ya no peleo contra ello, sé que es allí donde vivirás para mí por siempre y no está en mis manos sacarte. Cuando amas a una persona y le dejas entrar, le estas regalando una parte de ti, una parte que jamás volverá a ser tuya, que está fuera de tu alcance y es allí donde habitará mientras le sigas amando.

He vuelto a sonreír, tengo nuevos motivos para levantarme cada mañana, volví a soñar y la esperanza ha vuelto a nacer en mí, me siento viva aunque no completa. Sé que te haría feliz saberlo.

Cuando te pienso, me gusta imaginar que eres feliz, que estas en ese lugar en el que tanto deseabas estar, tomando una copa de vino mientras lees tu libro favorito; o caminando con tu amplia sonrisa por una calle en parís bajo un cielo naranja y violeta al atardecer; me gusta pensarte tranquilo, pleno y amado, tal vez más amado que cuando estabas conmigo, aunque sin querer ser engreída, no sé si algo así sea posible.

Para mi estás en cualquier lugar posible e inimaginable, donde sea, menos aquí bajo esta tumba fría y desolada. Aquí solo yacen huesos y carne, aquí solo yace tu embestidura. La persona que yo solía amar, que aún sigo amando con cada partícula, está fuera de este lugar. Esta bailando torpemente una pieza de vals en un gran salón, está riendo a carcajadas en un teatro de cine, está sentada en lo alto de la ciudad contemplando una puesta de sol, está caminando descalza en la playa más afrodisíaca, está llenando de luz cada calle por la que transita, está allí, en aquel viejo sillón esperando mi llegada para tomarme de la mano y seguir amándome por toda la eternidad.

Desde el lado oscuro de la sociedad

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Ya hay por allí rondando muchas noticias, artículos de opinión y demás sobre el tema del Bronx*, muchos en su mayoría, enfocados en la vista desde la tribuna, escritos desde este lado de la sociedad donde es fácil juzgar y señalar porque por alguna atribución que nadie nos dio, nos creemos moral y socialmente mejores que aquellos a quienes la vida poco les sonrío.

Y como este mundo lo que menos necesita son personas que se sumen a ese bulto selecto y distinguido de la sociedad, haré mi parte y dedicare este articulo al “villano” de la historia, quien no es más que el resultado del olvido y la indiferencia.

Es fácil disfrutar de la corrida cuando no conocemos el sufrimiento del toro. Nadie sabe de la vida de nadie; yo no sé las batallas que han librado las personas que están leyendo este articulo, ni mucho menos si la vida siempre ha sido generosa con ellas o no. Tampoco mi vida ha sido siempre color de rosa y ha habido momentos en los que, como todos, he deseado que mi vida sea mucho mejor de lo que es. Sin embargo, somos afortunados. Dios, el destino, la suerte, la vida misma o como quieran llamarlo, nos han dado más, mucho más que aquellos que hoy se encuentran perdidos en el mundo de la drogadicción y la indigencia… por no ir más lejos.

Algunos, sumergidos incluso desde antes de nacer en ese mundo oscuro lleno de pobreza, necesidades, falta de amor y buen ejemplo, cuyo modelo a seguir más cercano siempre ha sido el expendedor de drogas o el sicario de sangre fría que desde el comienzo han puesto sus ojos sobre ellos para convertirlos en un títere más del negocio. Sí, mientras nosotros soñábamos con ser astronautas, veterinarios, pilotos, médicos, chefs y todo cuanto se nos ocurriera, ellos estaban limitados a que sus “sueños” no sobrepasaran más allá de ser el duro del barrio y ganar algo de dinero a costa de una vida relativamente corta y siempre al borde del precipicio.

Otros, nacidos en familias tanto de recursos básicos como adineradas, pero a los que tal vez les hizo falta más amor en forma de atención y tiempo y menos en forma de regalos y objetos materiales. o que quizá solo les hizo falta criterio y fuerza de voluntad para no terminar hundidos y sin retorno en ese lado oscuro del mundo del que pocos logran salir.

Sin importar el origen, todos allí se encuentran en la misma situación de miseria y olvido.

Y mientras eso sucede, queridos lectores, nosotros estamos cómodos desde nuestro sillón, culpando al gobierno, culpando las malas políticas, culpándolos a ellos mismos por “elegir” su destino e incluso culpando a Dios por la desigualdad en el mundo. Pues bueno, les compartiré un poco mi manera de entender esta locura llamada vida y de percibir el mundo para que al menos, logremos llegar a un punto medio.

Sí creo en Dios, pero no en la religión (un tema en el que no ahondaré aquí), creo en un solo y único Dios al que llamamos por distintos nombres según nuestra cultura y al cual evocamos y percibimos de distintas maneras. Un Dios que es energía, que es universo, que es vida y no un Dios que está sentado en un lugar llamado cielo jugando a los “sims” o al ajedrez con los seres humanos mirando a quien le da y a quien le quita. Considero que dotó al mundo de lo necesario para que todos quienes lo habitan podamos subsistir y ser felices, más no hizo repartición a cada quien como si se tratara de una herencia, no. De allí para delante todo ha sido resultado de nuestras propias elecciones como humanidad y de las circunstancias. Así que cuando hablamos de un mundo injusto y desigual, no podemos culpar a Dios, sino a nosotros mismos como sociedad, porque aún cuando se nos dio un mundo hecho para vivir en equilibrio, terminamos teniendo más mientras a otros les quedó faltando. Y sí, tal vez no es nuestra culpa haber nacido privilegiados, pero sí lo es darse cuenta de ello y actuar con indiferencia ante aquellos que no lo fueron.

Por otro lado, luchar contra un mal gobierno y contra la corrupción que hoy por hoy es el pan de cada día de nuestro país es complicado y lleva tiempo, batalla y mucha resistencia, así que tampoco podemos quedarnos sentados esperando a que eso suceda para ver si así nuestra realidad comienza a mejorar de a poco, porque mientras tanto el mundo se desmorona. Una pequeña acción puede hacer una gran diferencia. A veces solo necesitamos bajar un escalón para quedar al mismo nivel del otro, poder mirarlo de cerca y entender su realidad, una vez que nos pongamos en los zapatos del otro dejaremos de juzgar y señalar y empezaremos a ayudar y a generar cambio, no solo en la sociedad sino en nosotros mismos.

¿Qué tiene que ver toda esta carreta con la calle del Bronx? Bueno, tiene mucho que ver, no pretendo ahondar específicamente en lo que sucede allí, pero si tomo el tema para inspirarme en la situación que viven tanto los habitantes de la calle como los habitantes de barrios marginados en donde reina el narcotrafico y la violencia, y también para citar un ejemplo de lo que sucede en todos los rincones del mundo. La calle del Bronx está en todas las ciudades del mundo pero con distinto nombre, eso es un hecho.

Tal vez no podamos sacar a esas personas de la situación en la que se encuentran, pero sí podemos evitar que otros caigan allí, podríamos empezar por cambiar el switch y darnos cuenta que hacen parte del mundo en el que vivimos y que son tan humanos como nosotros y dejar de hacerlos a un lado como si fueran la basura de la sociedad, porque si de hacer distinciones se trata, hay cientos de personas pulcras, pudientes y distinguidas que han hecho todos los méritos para ser consideradas “basura”. Se trata de asumir la responsabilidad que nos corresponde y contribuir de una u otra manera a que los niños de hoy en día no sean los indigentes y drogadictos de mañana.

Recuerda, cada quien libra una batalla de la que no sabes nada.

Por último y como reflexión, si quieres agradecer por tu vida, por tu familia, por las bendiciones y por lo que posees ayuda a equilibrar el mundo, da aunque sea un poco de lo que te sobra a aquellos a quienes les falta, y no se trata solo de dinero u objetos materiales, conozco personas a las que no les falta dinero necesitando una voz de aliento, un abrazo, una sonrisa y sobre todo amor; siempre habrá algo que darle a los demás y siempre habrá alguien necesitando un poco de lo que a ti te sobra. Ayudar siempre nos hará mejores personas.

*El Bronx es un sector de la ciudad de Bogotá, Colombia, de alta peligrosidad donde se expenden y consumen drogas, y donde el nivel de delincuencia es alto al igual que el narcotrafico y la prostitución infantil.
NOTA DEL AUTOR:
con mi articulo no pretendo justificar la delincuencia, la extorsión y las masacres de las cuales ha sido protagonista la calle del Bronx; solo lo tomo de ejemplo para abarcar muchos aspectos de ese oscuro mundo y hacer una reflexión general que puede aplicarse a cualquier persona o sociedad.