LA ÚLTIMA COPA

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Era la última copa de vino de la noche, había bebido suficiente y la luna ya estaba cansada de escucharme hablar de lo mismo, miro a la ciudad y veo como las luces se apagan una a una, tantas historias allí reunidas, tantas personas amándose y otras tantas odiándose, extrañándose, olvidándose. Y allá en una de esas luces has de estar tú, acostado de medio lado con una pierna fuera de la cobija y entre tus brazos ella, cuidándote el sueño como antes lo hacía yo.

Quisiera odiarla, encontrarle mil y un defectos y pensar que estas con ella como premio de consolación, pero no puedo ¿para qué mentir? Es maravillosa, de aquellas personas que uno siempre debería tener cerca y si no fuera porque ella es la culpable de que tu corazón ya no me recuerde, seriamos sin duda amigas.

Llevo más de dos horas mirando las fotos en mi celular, una tras otra, he llorado y he reído. Me faltas en todo, y a pesar de que sigo aquí en el mismo cuarto en el que vivimos nuestra historia, siento que estoy en otro lugar ajeno; sin ti, siento que este ya no es mi hogar.

¿En qué piensas tú? ¿Qué sientes? Me pregunto si en las noches de luna llena al lado de la fogata mientras lees a Neruda me piensas. ¿Recuerdas cuando me sentaba a tu lado a cantarte mientras leías? ¿Recuerdas cómo se nos esfumaba la noche por la rendija mientras al calor de la fogata y luego de tanta poesía nos consumíamos de amor? Dime por favor que me recuerdas, que no me he ido del todo de tu mente. No quiero, ni necesito que me ames, ya sé que no, pero que me olvides, eso sería mi condena. Nadie quiere morir en el olvido de quien ama y yo no soy la excepción.

No te culpo, ni me culpo. En inútil buscar culpables en un acto del destino, tu tiempo en mi vida tenia fecha de vencimiento al igual que el mío en la tuya. Lo supe desde siempre, pero saberlo no me redime de sentir dolor, pues eres y serás de las coincidencias más bonitas de la vida; me enseñaste lo que viniste a enseñar y nos amamos en el proceso, no necesito más. Sé que todo pasará, porque nada es eterno, no lo es el amor, no lo es el dolor… sé que pasará. Mientras tanto seguiré bebiendo poco a poco lo que queda de esta copa de vino, recordándote entre lágrima y risa mientras el viento me sirve de pañuelo y la luna de consuelo. Te amaré en lo que esta copa quede vacía, te extrañare mientras el vino se agota gota a gota y cuando el sol se asome tímido en la ciudad y los rayos de luz se cuelen por nuestras ventanas, te soltaré, justo en el momento en el que su rostro se ilumina para que sea ella lo primero que veas cuando despiertes y justo en el momento en el que tu lugar vacío es lo último que vea al cerrar mis ojos.

Para ti

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Es la segunda carta que te escribo, solo que para esta vez soy más consciente de que eres real, que estas en algún lugar del mundo y que nuestro encuentro es inevitable.

Tal vez las demás personas no lo entienden o me llamen ilusa, pero yo creo en esto, creo en dos almas que vienen buscándose desde vidas pasadas, unidas por un vínculo que trasciende el tiempo y el espacio, yo creo en lo mágico del universo, el destino y la vida.

No te buscaré, con paciencia comprendí que el universo trazará los caminos y moverá los hilos para llevarnos a ese punto donde todo comenzará, en el cual nuestros caminos se vuelven uno solo. No te mentiré, sueño con eso, porque desde ya te extraño, desde ya te anhelo.

No, no se trata del capricho de una mujer por tener un novio o una compañía, mucho menos se trata del afán por vivir un cliché. A mi corazón no lo mueve la idea de tener una pareja, o de enamorarme de alguien, a él lo mueves tú, mis ganas de entrelazar mi mano con la tuya y ver como encajan perfectamente y caminar a tu lado con la certeza de que no hay nadie más en el mundo para mí que tú. Sé que no sucederá aun y está bien, esperare el tiempo que sea necesario porque sé que vale la pena más que nada en el mundo. Mientras tanto iré aprendiendo de las lecciones que la vida me pondrá antes de tu llegada, esas que me moldearan para encajar contigo. Talvez me enamoraré de alguien más, aprenderé esas cosas del amor que harán a mi corazón el lugar perfecto para tu estancia en él, y al final como ha pasado hasta ahora, soltaré, dejaré ir y seguiré dando pasos que sin saberlo acortarán la distancia entre tú y yo.

Me motivas a crecer en todos los planos, me haces querer ser mejor persona, aquella que merezca el amor que tienes para dar. Quiero que me mires con la certeza de que estás en tu hogar, que perteneces a mi abrazo y que es allí donde quieres permanecer.

Confió en la nobleza de tu corazón, en tu sencillez, tu generosidad y consideración con los demás, en la madurez con la que observas el mundo y ese sentido del humor con el que llenas de alegría tu entorno, porque sé que ya nos conocemos, que hemos coincidido desde siempre y que también soy todo lo que anhelas.

Que Dios bendiga nuestros pasos y todo aquello que propicie nuestro encuentro.